Plan Nacional de Ciencia,
Tecnología e Innovación
2005-2030
Tecnología e Innovación
2005-2030
(Paginas 17 a la 31)
1. Tiempos y espacios
de la ciencia en Venezuela
Un análisis de la dinámica y el impacto de la ciencia y
la tecnología en Venezuela, debe necesariamente describir
los rasgos básicos que condicionan su emergencia
como institución social en el contexto histórico
correspondiente. Tal enfoque supone, asimismo, una
descripción de las condiciones bajo las cuales se expresa
en el presente, en el marco de las condiciones sociales,
económicas, ambientales y políticas, tanto a escala
mundial como en sus dimensiones nacionales, regionales
y locales.
Las características de la evolución institucional de la
ciencia en Venezuela, explica, en buena medida, la cultura
científica en el seno de la sociedad venezolana.
Los aportes u omisiones de la ciencia y la tecnología en
el proceso de construcción de una imagen de país, se
vincula al tipo de cultura científica que se ha venido
construyendo. Estar conscientes de estos hechos es un
paso hacia el mejoramiento del impacto que una comunidad
tan importante como la científica, puede prestar
al país.
En este aparte del Plan Nacional de Ciencia, Tecnología
e Innovación 2005-2030 se describen aspectos del
contexto y de la evolución del proceso de institucionalización
de la actividad científica en Venezuela. Es
necesario recordar que este proceso se da en dos
momentos distintos y distantes en el tiempo. En un primer
momento se ubican los intentos de un grupo de
venezolanos por instaurar las bases propias del enfoque
de la Ilustración al proyecto republicano —durante
la segunda mitad del siglo XIX— hecho que pudiera
situar sus inicios en 1827, cuando el doctor José María
Vargas asume el rectorado de la Universidad de Caracas
(actual UCV). Este primer período, aunque difuso
históricamente debido a las circunstancias difíciles que
impuso la lucha independentista, está impregnado por
la corriente de pensamiento imperante para la época
(la Ilustración), corriente que si bien asomaba desde el
siglo XVIII, era la que primaba, filosóficamente, en la
visión de muchos de los libertadores.
El segundo momento se expresa a partir de bien
entrado el siglo XX, tiempo paralelo al nacimiento de
las libertades políticas e inicio de un inobjetable proceso
de modernización que había estado detenido justo
en razón de la inestable situación política nacional
durante finales del XIX e inicios del XX. Se lo vincula
directamente al surgimiento de la comunidad científica,
a imagen y semejanza de las corrientes europea y
estadounidense en los aspectos vinculados a la ciencia
y la tecnología de posguerra.
Tanto uno como otro momento son esenciales para
entender el mencionado proceso de institucionalización
de la ciencia en Venezuela. Empero, en tanto el
primero aún se encuentra difuso en la historiografía
sobre este tema, resulta esencial estudiarlo a fin de rescatar
una memoria que es, sin duda, fundamental para
entender, especialmente en este momento, cómo se
puede construir un sistema de ciencia, tecnología e
innovación que esté acorde con los postulados del proceso
de cambio profundo que se vive en el país.
La construcción de una sociedad más humana basada
en el cuido del ambiente, en un desarrollo endógeno
(sostenible y favorable a todos los miembros de la
sociedad), sólo puede alcanzarse, en nuestro tiempo,
comprendiendo cuáles son y desde dónde parten sus
raíces, y construyendo sistemas de ciencia y técnica
adaptados a las características físicas del ambiente
acordes con los rasgos culturales de la población, y
donde exista una voluntad de construir una sociedad
más justa y equitativa. De modo que es deseable que el
sistema científico, técnico y de innovación deba construirse
tomando como base el proyecto republicano. La
continuidad de ese proceso y el cambio que se emprenda
deben estar en sintonía con esos postulados.
El momento inicial
Este primer momento resulta del esfuerzo conjunto por
hacer una república en tiempos cuando el país estaba
devastado en lo físico, y muy especialmente en sus cuadros
humanos formados debido al inmenso esfuerzo
que significó la lucha libertaria. De otra parte, la Corona
española no había hecho mucho esfuerzo por instaurar
en esta colonia espacios para el cultivo del pensamiento,
la ciencia y la cultura. La entraña aristotélica
de su visión del mundo, aparte de la poca importancia
económica que les significaba la Capitanía General
de Venezuela, no les incitó a sembrar grupos para el
cultivo del pensamiento, de la ciencia y de la técnica.
De manera que en este sentido, la tradición por el cultivo
de la ciencia y de su método bajo los principios
galileanos era muy vaga durante esos años, pese a que
era tema de discusión en Europa desde el siglo XVII.
No obstante esta colonia —en su condición de espacio
físico y humano dirigido bajo égida occidental—
fue recibiendo desde muy temprano la influencia del
papel de la ciencia en la construcción de la nación, en
tanto no era una república libre, recibió exploradores
18 ANALISIS SITUACIONAL
imbuidos del enfoque de la Ilustración que buscaban
en nuestro territorio respuestas a sus inquietudes en el
campo de las ciencias naturales. Caso emblemático y
muy conocido fue el de la visita del explorador alemán
Alejandro de Humboldt, por sólo nombrar uno de ellos.
El proyecto independentista que encarnaban los
libertadores traía consigo la preocupación de la Ilustración,
un enfoque que tomó formas peculiares en los
territorios liberados de los países coloniales. La ciencia
y la técnica siempre fueron componentes fundamentales
de aquel proyecto libertario.
Si se toma como fecha de partida la creación de la
república, una de las primeras acciones de los patriotas
y libertadores fue el fortalecimiento de la Universidad
de Caracas. Varios de los próceres del mismo siglo XIX
impulsaron la entrada de modernos conocimientos
para ayudar a construir el nuevo país que soñaron
quienes liberaron estas tierras del dominio del Imperio
español. Iniciativa como la del propio José María Vargas,
primer rector de la universidad republicana, al
crear una serie de nuevas cátedras con la intención de
enseñar las ciencias a los estudiantes de la remozada
institución, es un hito y referencia importante (Villanueva,
1883 [1986]).1
Además, se puede mencionar como otro importante
hito en ese proceso de entrada en la modernidad del
país, la creación, por iniciativa de Juan Manuel Cagigal,
de la Academia Venezolana de Matemáticas, donde
se formaron los ingenieros que irían a construir y
modernizar el país devastado por la Guerra de Independencia
e ingenieros que trajeron ideas para sanear
las ciudades y para mejorar las condiciones de salubridad
del medio construido.
Otras iniciativas condujeron a crear instituciones
de clara vocación científica como lo eran las academias
de Ciencias, al estilo de la Europa del siglo XVIII.
También durante el siglo XIX fueron creadas algunas
academias como la de la Lengua o la de Medicina
para intercambiar los avances que en estas materias
hacían sus integrantes.
Más ejemplos, en particular de personas pioneras
en materia de ciencia y técnica, también se pueden
mencionar. Sobresale Vicente Marcano, el padre de la
química en el país, quien vio en el conocimiento científico
no sólo un placer de carácter intelectual, sino también
de utilidad práctica. Asimismo, Adolf Ernst, en el
campo de la botánica, y Luis Razetti, Santos Domínici y
Rafael Rangel en el de la medicina.
Iniciativas de creación de instituciones como el
Colegio de Ingenieros de Venezuela (1861), cuyos fundadores
reivindicaron desde su creación constituir una
corporación que se basaba en la ciencia y técnica para
construir el medio habitable para la población, se convierte
en un hito importante en ese proceso. Asimismo
es de mencionar la constitución del Museo de Ciencias,
que curiosamente resulta ser el primer museo fundado
en el país; es también, un antecedente válido en la búsqueda
de la entrada a la modernidad y de la idea de
progreso que constituyó la ciencia durante el siglo XIX.
El segundo momento
La importancia que tiene el primer momento que describe
la historiografía de la ciencia en Venezuela se relaciona,
indudablemente, con los valores de la fundación
de la República de Venezuela. El proyecto de país que
se iba dibujando llevaba implícita una visión de la
importancia del conocimiento científico y técnico propio
del enfoque de la Ilustración, pero que no necesariamente
le convertiría en un enclave. Empero, pese al
indudable esfuerzo realizado hasta finales del siglo XIX,
sus consecuencias no se hicieron mayormente constatables
debido, curiosamente, a la inestabilidad y rigidez
de la situación política que se extendió hasta bien
entrado el siglo XX.
Así, la actividad científica venezolana antes de
1936, no fue propiamente significativa para el crecimiento
económico o para el desarrollo de alguno de
los sectores básicos del país. En palabras de Díaz
(1983), fue Guzmán quien hizo un primer intento de
modernización y de formación de un Estado liberal en
el país, experiencia que a la larga no pasó de ser una
retórica liberalizante. La conjugación del liberalismopositivismo
de corte anticlerical que estaba en la base
de su planteamiento, parece haber entrado en conflicto
con los conservadores etiquetados de “oligarcas”,
hecho que impidió cualquier intento de “progreso”
pretendido por los grupos de élite de la última parte
del siglo XIX.
El punto de inflexión que marca el inicio de un proyecto
de introducción de la actividad científica y tecno-
1. Vargas estuvo preso luego de la capitulación de Miranda, en 1813; no obstante, queda libre tras el triunfo de Bolívar, e inmediatamente viaja a Europa a hacerse
de la ciencia que aún no había recibido, debido a las dificultades propias de la universidad venezolana en la que hizo estudios. En Edimburgo y Londres se mantiene
hasta 1816; allí estudia química, clínica y obstetricia y, asimismo, anatomía y cirugía (Bruni Celli, 1986). De igual modo, este venezolano se hizo de una
amplia experiencia y conocimientos acerca de la botánica, disciplina que cultivó toda la vida. Cuando residió en Puerto Rico desarrolló una extensa comunicación
e intercambio de material botánico con muchos de los más notables estudiosos de esta disciplina; entre otros se cuentan especialistas de la talla de Agustín Plée,
Alphonse Decandolle, Hermann Karsten, etc. (Adolf Ernst, 1877, en Bruni Celli, 1986).
ANALISIS SITUACIONAL 19
lógica en Venezuela durante este segundo momento,
es la muerte del general Juan Vicente Gómez a finales
de 1935, gobernante autoritario que mantuvo un
férreo control político y militar de la nación por 27
años continuos. Durante esta dictadura los mayores
esfuerzos se hicieron por modernizar el ejército y por
construir una red nacional de carreteras cuya finalidad
fue, según varios analistas, más política que económica.
Las universidades fueron objeto de un control
permanente e, incluso, la de Caracas (UCV) permaneció
cerrada durante 10 años, y se uniría a las ya
cerradas universidades del Zulia y de Carabobo (Díaz,
1983, pp. 78-79).
La ciencia en Venezuela comienza a surgir como
resultado de un proceso de implantación de la actividad
institucionalizada que se hacía en los países más
desarrollados, en momentos cuando el país salía del
oscuro deambular de la dictadura gomecista y entraba
en un proceso franco y acelerado de modernización;
pero en cualquier caso, si bien hubo individualidades
que sobresalieron como investigadores, no había ciencia
organizada como tal. Cuando en Venezuela comenzó
a vislumbrarse la organización de la ciencia, justo en
los años de la década de los cincuenta, ya sus practicantes
eran “modernos”, con todo lo que este término
implicaba en un ambiente más bien rural y de relativo
atraso (Texera, 1984).
Pero el hecho de que Venezuela hubiese sido un país
en el que este rasgo de “modernización” haya llegado
relativamente tarde, no lo diferencia en esencia de la
situación de dependencia que caracteriza también a los
otros países del contexto latinoamericano. La ciencia
en América Latina no ha escapado del proceso de transnacionalización
y de penetración ideológica del capital,
dentro del modelo de capitalismo periférico que se
reproduce en todas las instancias económico-sociales y
cultural-ideológicas de cada sociedad nacional (Torrealba,
1984). Para este autor, el carácter subsidiario
de la ciencia latinoamericana no sólo se expresa en la
adopción de marcos teóricos extranjeros, sino también
en las posturas que la comunidad científica asume ante
las actividades propias del proceso de investigación y
divulgación de resultados, aspecto que por lo significativo
trataremos más adelante.
El Programa de Febrero, un espacio de transición
Luego de la muerte del general Gómez le sucede en la
presidencia de la República quien durante ese gobierno
había fungido de Ministro de Guerra y Marina, el también
general Eleazar López Contreras. Este nuevo presidente
se distancia del estilo y objetivos del régimen
anterior, al proponer lineamientos políticos que expresan
en la práctica una apertura hacia las corrientes de
desarrollo que habían sido preteridas durante 27 largos
años, lo cual se expresa a través de un enjundioso
documento denominado Programa de Febrero, propuesto
apenas nueve semanas después de haberse
investido como gobernante.
Este documento cobra una especial significación
en la historiografía política venezolana por la trascendencia
del contenido y alcances posteriores en el desarrollo
nacional. Parte del éxito, según lo apunta Ruiz
Calderón (1992), se debe a que logra la coincidencia
de posiciones políticas opuestas (afectos al gobierno y
oposición de entonces) en torno a temas fundamentales
cuyas exigencias se venían acumulando. En este
sentido, puede afirmarse que el Programa fue la formalización
de un proceso de consolidación y centralización
del Estado nacional que entonces se modernizaba
(p. 20).
A los efectos del tema que interesa, es necesario
apuntar que este programa, por una parte, auspició
expresamente a las pocas instituciones que hacían
investigación científica, y por otra, se impulsó la creación
de muchas otras, bajo su inspiración (Ruiz Calderón,
1992). Se dio especial importancia a los aspectos
de la salud y de la agricultura, además de la geología y
la economía. Sin duda, fue un programa que dio especial
relevancia a la ciencia y a la técnica, campos del
conocimiento que ya eran básicos para emprender el
desarrollo como nación. El Programa fue una eficiente
herramienta para impulsar el anhelado proceso de
“modernización” del país, toda vez que no sólo propició
la creación y consolidación de mecanismos científicos
y tecnológicos, sino que además propuso cambios
en el aparato estatal.
En este contexto, es interesante observar que la
principal propuesta que en materia técnica contemplaba
fue la creación de un Consejo Nacional de Investigación,
dependiente del Ministerio de Instrucción Pública,
que tenía como finalidad estudiar los grandes problemas
técnicos nacionales (Roche, 1996), problemas
que eran abrumantes, especialmente por lo rudimentario
del sector industrial para 1936. Ello fue importante
porque a partir de este hecho se observó un incremento
de la actividad técnica, lo cual se dio acompañado de
la promoción de una política inmigratoria que abrió las
puertas de la nación a un gran número de personas con
un cierto grado de formación técnica, fundamentalmente
de Europa, quienes vinieron a engrosar los
20 ANALISIS SITUACIONAL
sectores productivos medios (Freites, 2002).
En materia de educación, aspecto que resultaría básico
en lo relativo a la modernización, el reto era inmenso,
toda vez que los intentos de difundir la educación iniciados
por Guzmán se estancaron, de tal modo que el
analfabetismo hacia 1940 llegaba a 80% de la población.
En este sentido, de los ocho aspectos básicos del Programa,
el de educación fue el de más importancia en tanto
se diseñaron diez políticas y se crearon ocho instituciones,
entre las que sobresalen organismos emblemáticos
como el Instituto Pedagógico de Caracas, la Escuela
Experimental Venezuela y el Liceo Aplicación, a más de
varias escuelas de artes y oficios, artes plásticas, técnica
industrial, de artes escénicas y otras de este mismo
orden (Ruiz Calderon 1992, p. 29).
De otra parte, entre 1935 y 1945 se pasó de 90.000
alumnos de educación primaria a 298.344. El analfabetismo,
para 1950, había bajado a 30%; en cambio, la
educación superior no fue una prioridad durante ese
período de modernización, pues se elevó de 1.300
estudiantes en 1935 a 3.161 en 1945, de un total, en
todos los niveles, de 93.000 alumnos en 1935 y
313.108 en 1945 (Díaz, 1983).
En lo relativo específicamente a la creación de bases
para lo que posteriormente sería la comunidad o la institucionalidad
científica, vale la pena mencionar que si
bien fueron pocos los adelantos en esta materia, no es
posible dejar de mencionar, de un lado, la creación de la
Escuela Superior de Agricultura y Zootecnia, la creación
del Instituto de Medicina Experimental, la Escuela de
Geología y la Escuela de Ciencias de la UCV; asimismo, la
creación del ya mencionado Instituto Pedagógico de
Caracas, que sin duda fue un semillero para el desarrollo
de diversas disciplinas científicas. Es importante resaltar
que el tema de la salud (higiene) estuvo, junto a los de
agricultura, educación, economía y comunicaciones, entre
las mejores iniciativas consideradas.
El Instituto Nacional de Higiene, creado en 1939, y
la Escuela de Salud Pública del Ministerio de Sanidad
y Asistencia Social formaban higienistas y especialistas
y realizaban investigación sobre enfermedades propias
del medio, al punto que el problema de salud que
representaba la malaria se constituyó en un notable
tema de investigación científica.2 Por otro lado, para
finales de la década de los cuarenta, la Facultad de
Medicina dictaba cursos de posgrado —los primeros del
país—, en especialidades clínicas (Texera, 1984).
La política de salud preventiva iniciada con el
Ministerio de Sanidad, se potenció con la creación de
instituciones como el Ministerio de Agricultura y Cría
(1936), cuyo papel central se circunscribía en promover
políticas destinadas a maximizar la producción
agrícola y pecuaria. De otra parte, con la creación en
1943 del Instituto Nacional de Obras Sanitarias
(INOS) se inició la dotación de redes de aguas negras
y suministro constante de agua potable a varias ciudades
venezolanas.3
Sin embargo, es importante destacar que el impulso
a la investigación nacional bajo el modelo de salud
pública inducido desde el exterior, nunca se acompañó
de una mayor independencia tecnológica; todo lo
contrario. A este respecto Córdova y otros (1999) afirma
que el impulso de este modelo sólo se correspondía
con las exigencias del capital internacional —objetivado
como inversión en la explotación del petróleo—
el cual requería, por razones obvias, la protección
de los técnicos extranjeros que trabajaban en las
zonas endémicas.
Empero, es bueno acotar, finalmente, que el Programa
de Febrero significó un espacio de relativa apertura
política y fue, en efecto, el mecanismo que permitió
el inicio concreto de modernización del país. En lo
que a la CyT corresponde, Ruiz Calderón (1992) argumenta
que la incidencia en este aspecto científico-tecnológico
se observa en tres rasgos principales. En primer
lugar, desde el Programa se insistió en la necesidad
de capacitación técnica y científica de los funcionarios
del gobierno, en la intención de lograr implementar
gran parte de las propuestas. En segundo
lugar, insistió en que el Estado —en una sociedad
como la venezolana de aquel entonces—, debía proveer
las condiciones para que las capacidades técnicas y
científicas pudieran no sólo generar los conocimientos,
sino aplicarlos. En tercer lugar, este programa sirvió
para que las autoridades gubernamentales tomaran
conciencia de que las capacidades científico-técnicas
necesarias para el país podían ser construidas
desde dentro, a imagen de la de otros países que, a su
vez, podrían servir de modelos para la modernización
venezolana.
2. A principios del siglo XX el paludismo (malaria) era una enfermedad que atacaba muy fuertemente a la población venezolana en, aproximadamente, el 65 por
ciento del territorio nacional; tanto, que en algunas regiones, especialmente en los llanos, la mortalidad llegó a ser mayor que la natalidad. En ese sentido, entre
1910 y 1945 se registraron en el país 63 índices vitales negativos (nacimientos menores que mortalidad), en ciudades de relativa importancia poblacional. Entre
1920 y 1935 se estimaba un promedio de 7.000 muertes por año debido a esta enfermedad (Gutiérrez, 1992).
3. Vale mencionar que estas medidas, entre otras, permitieron que Venezuela bajase sus altas tasas de mortalidad, su población creciese y llegara a alcanzar, a finales
del siglo XX, una esperanza de vida de 70 años o más.
ANALISIS SITUACIONAL 21
Primeros pasos
de la comunidad científica venezolana
Si bien la actividad científica venezolana se había iniciado
en la segunda mitad de los años treinta, aun en
la década de los años cincuenta era muy exigua; se centró
en pequeños espacios institucionales y más aún, en
individualidades ligadas disciplinariamente a la salud y
a la agricultura, principalmente. La apertura política
que significó la muerte de Gómez, aportó, en efecto,
elementos de persuasión a algunos sectores gubernamentales,
empero no garantizó pasos avanzados de
modernización en este campo. Pero, si bien los niveles
de atraso en aspectos básicos como la salud y la agricultura
suponían esfuerzos que exigían espacios institucionales
para la ciencia y la tecnología —como de
hecho se insinuaron en estos sectores—, paradójicamente,
el atraso en otro sector, la educación, resultaba
un freno estructural para su instauración.
Al inicio de la década de los años cincuenta Venezuela
era un pequeño país atrasado con cinco millones
de habitantes, de los cuales más del 50% era analfabeta.
Según Vessuri (1984), no había un mercado local
para el conocimiento que los científicos físico-naturales
pudieran producir, ni un incentivo material para brindarles
apoyo económico. El país ya tenía un ingreso
que dependía casi exclusivamente de la renta petrolera,
como antes lo tuvo de los cultivos de exportación,
café y cacao. De otra parte, como consecuencia de ese
atraso en educación, las pocas universidades existentes
orientaban sus estudios básicamente hacia campos de
las humanidades, derecho o a carreras de utilidad
social directa como agronomía, veterinaria y medicina.
Las facultades de Ciencias se crearían a partir de finales
de esta década de los cincuenta, por lo que los primeros
profesionales orientados disciplinariamente
hacia ese campo se formarían a partir de la década de
los años sesenta. Los posgrados, que se inician en Venezuela
a partir de los cuarenta, sólo se desarrollaban en
las escuelas de Medicina, de modo que los médicos
tuvieron gran influencia en los pocos estudios biológicos
que se hacían.4
El escenario institucional básico para el despliegue
de la actividad científica que tendría lugar en las décadas
posteriores —en palabras de Vessuri —, se armó a
partir de los años cincuenta. Durante esta década se
dio una inusitada actividad organizativa en este orden
de cosas, la cual dejó como saldo positivo un significativo
grupo de instituciones y mecanismos para la promoción
del hacer científico. Entre otros organismos se
crearon: la Asociación Venezolana para el Avance de la
Ciencia (AsoVAC), en 1950, la Fundación Luis Roche
(1953), la Facultad de Ciencias de la UCV (1958), el
Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas
(IVIC) en 1959 (originalmente Instituto Venezolano de
Investigaciones Neurológicas y Cerebrales (IVNIV),
fundado en 1954 por el insigne investigador Humberto
Fernández Morán), y dentro de la Ley de Universidades
de 1958, se introdujo la figura de los consejos de
Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH), organismos
que forman parte —como parte de esa Ley— de un
mecanismo mayor de promoción de la investigación
científica y humanística.
Estos organismos y mecanismos, sin duda, fueron
espacios conquistados en el camino de la institucionalización
de la ciencia y de la investigación en Venezuela;
podríamos afirmar que han sido los más importantes del
siglo recientemente pasado. Muchos de los avances posteriores
fueron, sin duda, producto del esfuerzo y logros
de ese grupo de hombres y mujeres durante esa década.
Sería necesario recordar entre otros nombres los de:
Francisco De Venanzi, Humberto Fernández Morán,
Marcel Roche, Tobías Lasser, Miguel Layrisse, Luis Carbonell,
Gabriel Chuchani y Raimundo Villegas.
El Programa de AsoVAC
La ideología “dominante” de la ciencia en Venezuela
fue introducida y reproducida por la AsoVAC a través
de los mecanismos propios de esta asociación. Esa
forma de “ver” a la ciencia en su vinculación y relacionamiento
con y en la sociedad venezolana es muy propio
del grupo iniciador de la comunidad científica
nacional, primero aglutinado en la Fundación Luis
Roche (FLR), y luego asociado en la AsoVAC, seguramente
siguiendo el modelo de asociación de su similar
en EE UU, la American Asociation for the Advancement
of Science (AAAS). La mayor expresión de esta ideología
se notaría en el IVIC, toda vez que buena parte de
los miembros de la FLR pasaron a formar parte del IVIC
en sus años de creación.
La ideología que se instituyó se centraba en la condición
universalista, desinteresada, comunalista y de
escepticismo organizado de la ciencia, propias de la
4. Lo que sería la primera Escuela de Ciencias (Biología) se funda en 1946, adscrita inicialmente a la Facultad de Filosofía y Letras y luego a la de Ciencias Físicas
y Matemáticas (Ingeniería) de la UCV, hasta que finalmente se adscribe a la Facultad de Ciencias en 1958. La creación de esta escuela estuvo a cargo del doctor
Tobías Lasser, médico que se había orientado por los estudios botánicos bajo la tutela de Henri Pittier; no obstante, esta escuela no era muy del agrado de parte
de la comunidad médica de entonces, pues consideraban a la biología como tema de su competencia profesional (Texera, 1984).
22 ANALISIS SITUACIONAL
visión normativa que de ésta había descrito Merton
(1942), cuya expresión normalmente se le conoce
como visión mertoniana de la ciencia. Según esta acepción,
la ciencia es, en sí misma, un mecanismo de progreso
y de civilización, y tácitamente es obligación de
los estados promoverla y apoyarla. En el esquema mertoniano,
la utilidad no es el objetivo de la investigación
científica. Una expresión de este desinterés lo manifiesta
Marcel Roche, primer director del IVIC, cuando afirma
respecto de un investigador científico:
“...su impulso de investigador obedece a una necesidad
interna (entusiasmo) y se hace secundario el interés
material, el sueldo, la vanidad y otros factores
externos. Ese entusiasmo... es un dios interior, una fuerza
inspiradora, e incomprensible para el no iniciado...
(en Freites, 1984:358) —itálicas en el original.
En Venezuela, según esta visión, al educar al hombre
en una actividad racional como era la ciencia, la
sociedad venezolana se orientaría hacia un grado
mayor de racionalidad en sus actividades (Freites,
1984). No obstante, esta visión también suponía una
total autonomía de los científicos en cuanto a escoger
sus líneas de trabajo, las cuales habrían de ser financiadas
por el Estado, pero sin que éste pudiera participar
directamente en la orientación de la investigación, pese
a que pudieran existir algunas prioridades.
Los miembros de la naciente AsoVAC elaboraron un
programa político-científico para desarrollar la ciencia
en Venezuela, acogiéndose en toda su extensión a estos
principios mertonianos, principios que coincidían con
las propuestas que para entonces hacía la Unesco en el
contexto internacional. Los científicos venezolanos
buscaban mantenerse en condiciones de absoluta libertad
de investigación frente a presiones políticas y sociales,
aspiración que estuvo claramente expresada en las
proposiciones de la AsoVAC, de las universidades y de
la Comisión Preparatoria para el Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Tecnológicas, las que coincidían
abiertamente con la proposición Unesco, que a
la larga, a los fines de referido Consejo, fue la que se
puso en vigencia; es decir, un Consejo que promovería
la ciencia siguiendo patrones y normas internacionales,
establecidas por la actividad científica realizada en los
países desarrollados (Texera, 1983).
La comunidad científica venezolana finalmente
adoptó el enfoque mertoniano de la ciencia y seguramente
el establecimiento más emblemático en cuanto a
aceptación de este ethos ha sido el IVIC. Los fundadores
de este organismo estuvieron muy compenetrados con
el “programa” de AsoVAC, el cual concebía la libertad
de investigación y la autonomía del investigador como
las formas más idóneas de que la actividad científica
echara raíces en Venezuela (Freites, 1984).5 El IVIC se
convirtió —apunta Vessuri, 1984— en una suerte de
“Meca” para aquellos científicos comprometidos con
una orientación abiertamente “academicista”, la cual,
en ausencia de una política nacional tendente a la creación
de un sistema de ciencia y tecnología para el desarrollo,
se fue aislando cada vez más del medio local y
se hizo dependiente de la comunidad científica internacional
para la definición de sus propios objetivos. Pero,
desde luego, no sería el IVIC el único organismo en
donde se aceptara y promoviera esta visión de la ciencia;
también las facultades de Ciencias se plegaron a
dicho enfoque haciendo del espacio científico internacional
su abrevadero principal, —en modelos organizacionales,
metodologías y temas de investigación, promovidos
por agencias internacionales—, a despecho,
igualmente y en buena medida, de la realidad nacional.
Pero en Venezuela existían voces distintas al discurso
mertoniano. En este sentido es bueno acotar que antes
que la Unesco hiciese su propuesta, un médico internista
docente de la UCV, el doctor Gabriel Trómpiz, propuso al
Ministro de Educación de entonces, en 1949, la creación
del Consejo Nacional de Investigaciones, un organismo
que promovería la investigación desde el Estado. El doctor
Trómpiz había concebido esa idea tras la visita que
hizo a algunos centros de investigación en Argentina y
Brasil, países en donde había mayores avances en esta
materia con relación a Venezuela. Proponía este investigador
que el Estado debería financiar los esfuerzos por
organizar y realizar investigación, siempre y cuando esta
investigación se vinculara con los requerimientos del país
en esta materia. Finalmente, su propuesta no fue considerada
en razón de la carencia de fondos presupuestarios,
según se le informó.6
La ciencia en Venezuela a partir de 1958
Los estudiosos de la historia de la ciencia en Venezuela
consideran los años finales de la década de los cincuenta
5. Esta autora refiere que Marcel Roche, primer director del IVIC, le confiaría que Enrique Tejera, a su vez primer titular del Ministerio de Sanidad (1936) y de
gran prestigio como científico y gerente de la salud, se retiró del Directorio del IVIC en razón de no estar de acuerdo con el enfoque cientificista de este organismo.
Pensaba este venezolano que en un país como Venezuela, con los grandes problemas (sanitarios, por ejemplo), requería más de la investigación aplicada (Freites,
p. 360).
6. Yolanda Texera en artículo ad hoc (1983) hace un buen análisis del proceso de creación del Conicit y de las distintas propuestas que sobre este proceso se introdujeron.
ANALISIS SITUACIONAL 23
como un punto de inflexión hacia la etapa que llaman
de “democratización”. Es un momento de apertura
política que permite, entre otros, un mayor espacio de
desarrollo de la ciencia y la tecnología. Diversos eventos,
se puede mencionar, sucedieron en ese camino de
institucionalización, pero un primer evento que destaca
fue la creación de la Facultad de Ciencias de la UCV,
viejo sueño que consolidaba una serie de iniciativas
que habrían comenzado con la creación, en 1946, de lo
que posteriormente sería la Escuela de Biología. Antes
de que se creara esta facultad no existía en Venezuela
un espacio académico específico para las ciencias básicas;
sin embargo, una vez creada en la UCV, la idea se
multiplicó por varias otras universidades; tal es el caso
de la ULA, UDO, USB, LUZ y UC.
Desde la perspectiva específicamente política, es
bueno señalar que esta etapa del proceso de institucionalización
de la ciencia y la tecnología en el país se
enmarca dentro del modelo basado en la visión “democrática”
de los máximos líderes de los partidos que
luego hegemonizarían el espacio político nacional. Este
modelo, producto del llamado comúnmente “Pacto de
Punto Fijo”,7 comenzó a incidir de manera fundamental
en la conformación de estilos, alianzas y modos de
negociación de los intereses de la sociedad en los distintos
ámbitos de la vida pública, incluyendo, por
supuesto, los temas de la institucionalidad de la ciencia
y la tecnología.
Otro aspecto digno de analizar fue la inclusión de la
ya mencionada figura institucional de los consejos de
desarrollo (CDCHT) en las universidades, cuya primera
experiencia fue en la UCV. Esta figura, junto a los avances
que significaron la inclusión del trabajo de mérito
(investigación) para ascender en el escalafón, y la introducción
de la dedicación exclusiva y tiempo completo,
significó un nuevo impulso en la institucionalización de
la investigación en la universidad venezolana. Prácticamente,
se instituía la “carrera académica” en las universidades
en tanto los docentes podrían dedicarse de
modo exclusivo a la docencia e investigación, experiencia
que a lo largo del tiempo no ha sabido aprovecharse
para hacer de las universidades el locus natural de la
investigación en nuestro país. La mayoría de nuestras
universidades se acogieron a la visión institucional de
orientación “napoleónica” en tanto dieron especial y casi
exclusiva atención a la docencia.
De otra parte, el discurso de la planificación comienza
a considerarse institucionalmente a imagen de los
planteamientos de la Cepal, razón por la que se crea Cordiplan,
en 1958, adscrita a la Presidencia de la República,
y más tarde, en 1960, el Centro de Estudios del Desarrollo
(Cendes), dependiente del Vicerrectorado Académico
de la UCV, pero que complementaba al primero en
tanto formaría a los futuros planificadores de desarrollo
económico y social, incluidos, más tarde, los del área de
ciencia y tecnología. De otra parte, para la promoción y
desarrollo de la cuestión tecnológica, desde el Rectorado
de la UCV, dirigido entonces por Francisco De Venanzi, se
propuso la creación del Instituto Tecnológico de la Facultad
de Ingeniería de la UCV, proyecto interescuelas que
desafortunadamente no prosperó (Vessuri, 1984), pero
que tampoco se retomó en el tiempo posterior.
De modo que este nuevo momento, iniciado a partir
de la salida de Pérez Jiménez, significó la aceleración
de la construcción de las bases institucionales para
la ciencia en Venezuela. En ese sentido, y continuando
con este proceso, durante la segunda mitad de la década
de los sesenta se consolidó una idea que había propuesto,
entre otros, el doctor Gabriel Trómpiz, de conformar
una figura institucional nacional para la promoción
y coordinación de la ciencia y la tecnología. Se
creó el Conicit, en 1967, luego de una serie de propuestas
tanto internas como externas al país, pero finalmente
se acogió la que había sugerido la Unesco en 1951,
a través de uno de sus asesores, el sueco Torbjorn Caspersson
(Texera, 1983).8
Los años sesenta
El proyecto de institucionalizar la actividad científica a
escala nacional suponía un proceso de captación de jóvenes
con vocación hacia la ciencia; en este sentido, se
planteó el desafío de reorientar o canalizar estas vocaciones
a fin de formarlos como investigadores científicos
profesionales. Pese a que la ventaja comparativa de
Venezuela —a diferencia de otros países subdesarrollados—
estaba en la suficiencia de recursos económicos
7 El nombre de Punto Fijo responde a la denominación de la casa de uno de los políticos actuantes, en donde se hicieron las reuniones que dieron lugar a estas
alianzas.
8 Trómpiz proponía un organismo que vinculase más la ciencia con los requerimientos del país. La visita que había realizado a organismos de investigación de Brasil
y Argentina le habían convencido de lo importante que sería hacer ciencia en Venezuela; pero una ciencia más cercana a las necesidades internas. En esto coincide
con la posición —ya mencionada— asumida por Enrique Tejera con relación al enfoque de vocación internacionalizante del IVIC, y asimismo, con la que antes
había tenido Pittier (Arvanitis y Bardini, 1992), respecto de la necesidad de formación en Venezuela de técnicos agrícolas antes que de teóricos de la agricultura,
en tiempos cuando se quería crear la Escuela Superior de Agricultura (1937). Es decir, hay coincidencia de búsquedas en estos tres hombres, respecto de lo que
debería privar en cada uno de los momentos de la Venezuela de su época, cuando se inician los estudios y la organización científica.
24 ANALISIS SITUACIONAL
para emprender una acción de promoción de la actividad
científica, su debilidad se centraba en la ausencia de
vocaciones, en la falta de contingentes de jóvenes con
deseos de convertirse en científicos (Vessuri, 1992:22).
En el marco de las políticas de promoción de la actividad
científica, se presenciará como una de las consecuencias
más importantes la expansión del sistema universitario,
comenzando en 1958 con la creación de la
Universidad de Oriente (UDO) y reabriéndose la Universidad
de Valencia (luego denominada Universidad
de Carabobo). Paralelamente a este proceso de estímulo
de la actividad científica nacional, también se promovieron
políticas de masificación de la educación
básica. (Freites, 2002).
De esta manera, durante la década de los sesenta,
con el desarrollo de varias universidades nacionales, se
produjo también la creación de facultades o departamentos
de ciencias básicas que serían el germen de
parte importante de la investigación realizada en las
décadas siguientes en las áreas de biomedicina, tecnología
de alimentos y agricultura. Desde luego, las
carencias de recursos humanos bien formados para la
docencia en estos nuevos establecimientos indujo a
posponer por algunos años su inicio. Empero, un hecho
emblemático en el proceso de institucionalización de la
ciencia durante esta década —como antes se mencionó—
fue la discusión pública de la idea de institucionalizar
las políticas científicas a través de la creación de
un Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Tecnológicas. Al respecto, mencionaremos algunos
hitos de este período según lo señala uno de sus actores
principales, el doctor Marcel Roche (1996):
1962: Se instala la Comisión Preparatoria para la creación
del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas,
integrado por representantes de AsoVAC (uno de los principales
promotores), IVIC, UCV y Fedecámaras.
1964: Una misión de la Unesco recomendó crear
ese Consejo y adscribirlo a la Presidencia de la República,
para dotarlo de mayor poder.
1965: La Comisión Preparatoria recomienda crear
el Consejo Nacional de Investigación, adscrito al Ministerio
de Fomento.
1967: Se aprueba la ley de creación del Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit).
1969: Son designados su presidente y vicepresidente
y comienza a funcionar el Conicit.
Década de los setenta:
entre la abundancia y el despilfarro
Antes de iniciar el análisis del desenvolvimiento institucional
de la ciencia y la tecnología en Venezuela a partir
de la creación del Conicit en el año 1969 y su desarrollo
en la década de los setenta, es importante mencionar
algunos hechos sociopolíticos que explican los
estilos institucionales, sus avances y logros, pero también
el germen de algunos de los fracasos de la política
pública para la ciencia y la tecnología nacional.
En tal sentido, es importante entender que a partir del
momento en que comienza a funcionar el Conicit, exactamente
durante los primeros años de la década de los
setenta, se experimentaba una crisis económica en el
ámbito mundial. En este período comenzó a “reinar” en el
pensamiento hegemónico neoconservador, la idea de que
el decrecimiento de la productividad, el colapso de la
ganancia privada, el estancamiento económico, el desempleo
y la inflación, eran culpa de los modelos económicos
del Estado de bienestar. Esta situación propició las condiciones
para un nuevo auge en el pensamiento liberal, que
se manifestaría en los acontecimientos de la dinámica
sociopolítica venezolana de los años setenta y los venideros
de la década de los ochenta, calificada por algunas
agencias internacionales como la “década perdida”.
Desde el punto de vista sociopolítico, cabe recordar
que terminada la década de los sesenta, concretamente
el año 1969, tomaba posesión del Gobierno el doctor
Rafael Caldera (1969-1974), siendo los lineamientos
económicos de su gobierno propuestas muy genéricas
en cuanto a: diversificación económica, aumento de las
exportaciones no tradicionales, ampliación del mercado
interregional, mayor equidad distributiva y disminución
de la vulnerabilidad alimenticia, realizados dentro
de una misma concepción de Estado interventor,
empresario y asistencialista.9
Pero ese mismo año de la toma de posesión presidencial
de Rafael Caldera, y como parte de una política de
Estado orientada al desmantelamiento de los considerados
“focos” subversivos del movimiento juvenil universitario,
10 la ciencia y tecnología venezolana, sufren un revés
9. “En la medida en la que el desarrollo del capital se fue transnacionalizando y se concretó en grandes endeudamientos de nuestros países, las obligaciones para
con la base de acumulación, sobre todo las derivadas del pago de la deuda externa, generaron deformaciones profundas en las políticas sociales, resumidas en el
carácter populista, paternalista y aberrante con el que fueron direccionadas” (Córdova, 1999:23).
10. En realidad, éste fue un movimiento de muchas aristas que nace inspirado en los acontecimientos del Mayo Francés de 1968. Las universidades se levantan a
luchar contra el sistema y contra sus propias deficiencias. En nuestro caso, y por primera vez, se alzan muchas voces contra la enseñanza anacrónica, la escasa
investigación y la inexistente extensión. Se emprende una abierta crítica contra los profesores que se consideran “tradicionales”. Los pensa debían actualizarse y la
universidad ligarse con la calle y la sociedad. La universidad contestataria-tomista logra cada vez más espacio. Era evidente la intención política, social e ideológica.
En: http://www.analitica.com/va/sociedad/educacion/5928983.asp.
ANALISIS SITUACIONAL 25
importante al ser allanada la Universidad Central de
Venezuela por la policía y Guardia Nacional, operación
esta que será recordada siempre por la comunidad ucevista
como uno de los mayores atentados que ha sufrido
la autonomía universitaria en su historia reciente.11
Para el año 1974, bajo la presidencia de Carlos
Andrés Pérez (1974-1979), se dio un incremento considerable
de los ingresos nacionales por vía de la renta
petrolera. Estos ingresos extraordinarios le permitieron
al gobierno poner en marcha un ambicioso plan de desarrollo
que contemplaba vastas inversiones en proyectos
de expansión en todas las industrias básicas, así
como un acelerado crecimiento de los servicios gubernamentales,
todo ello enmarcado dentro de los lineamientos
del enfoque desarrollista del modelo de sustitución
de importaciones, modelo que se venía instrumentando
desde antes del período de la democracia
representativa.
Entre otros hitos de este gobierno de Pérez se destaca
el proyecto de nacionalización de las industrias
petrolera y del hierro, lo cual se hizo después de
indemnizar a las empresas concesionarias que hasta
ese momento venían actuando en el país. Este proceso
causó un cambio estructural de enormes dimensiones
para la economía del país, dando paso a la consolidación
del llamado “Capitalismo de Estado” (Urbaneja,
1997:47).
En este contexto, es muy importante destacar como
política de modernización científica y tecnológica acorde
con este proceso de industrialización a gran escala,
el incentivo a la formación de recursos humanos de
alto nivel con la creación de la Fundación “Gran Mariscal
de Ayacucho” el año 1974, institución que promovió
un importante programa de becas de formación de
cuarto nivel en las mejores universidades del mundo y
que —irónicamente— también marcó la pauta en lo
que sería el inicio del proceso de emigración de talentos
venezolanos (fuga de cerebros) al exterior.
Ya en 1977 se observa cómo el país comenzaba a
pagar por los excesos cometidos durante los años de la
bonanza petrolera, y por su parte, el mercado petrolero
también evidenciaba crecientes signos de debilidad originados
por las estrategias de las naciones desarrolladas
para ampliar los espacios de comercialización internacional
y el almacenaje de petróleo. Durante estos años
las presiones inflacionarias aumentaron de manera sustancial,
a pesar de que a través de severos controles de
precios y elevados montos de subsidios se lograron atenuar
tales incrementos (Urbaneja, 1997:44).
Vale destacar que durante el primer quinquenio de
Carlos Andrés Pérez se engendró la mayor parte de los
desequilibrios y desajustes que desembocaron en el
largo período de estancamiento que posteriormente
sufriría la economía venezolana, debido al endeudamiento
externo masivo al que recurrió este gobierno
para evitar el colapso financiero.
Así, al finalizar este mandato de Carlos Andrés
Pérez y después de haber transitado el país por la
mayor etapa de bonanza que recuerde nuestra historia,
Venezuela había adquirido una deuda pública externa
que, según el BCV, superaba los 11.000 millones de dólares
estadounidenses. Dicho endeudamiento externo
masivo fue utilizado para impedir que las reservas internacionales
del país cayeran a niveles que hubieran conducido
a la aplicación de un control de cambio, lo cual,
parece evidente, comenzó a mostrar la fractura de uno
de los puntos de consenso del “Pacto de Punto Fijo”.
Entre otras consecuencias de esta combinación de la
bonanza económica con los aspectos básicos del puntofijismo,
se observó un gigantesco crecimiento del consumismo
unido al clientelismo político y a la corrupción
administrativa; de igual modo, el endeudamiento
público y privado y la asfixia de amplios sectores productivos
medianos y pequeños, bajo el peso de monopolios
favorecidos por el Estado. En este contexto, pese
a la abundancia con que se manejaron los asuntos
públicos, uno de los sectores que sufrió mayores consecuencias
fue precisamente el sector salud. A este respecto,
Córdova y otros (1999:23) afirma que el deterioro
de las políticas de salud comenzó durante la década
de los años setenta, a pesar de ser una época de
abundancia.
Al respecto es importante destacar que a partir de
esta década se comienzan a generar una serie de distorsiones
—como ya anotamos no sólo económicas,
sino fundamentalmente culturales— que afectaron
esos modos, estilos de hacer y de entender cómo alcanzar
el desarrollo nacional y cuál era el rol de la ciencia
11. El 30 de octubre de 1969 se produce el allanamiento más desproporcionado y brutal de los realizados en la “era democrática” a esta institución. Sólo comparable
al realizado el 13 de diciembre de 1966 por el gobierno de Raúl Leoni, que se hace contra una universidad que tiene en sus espacios una de las sedes principales
de la lucha armada: la residencia ‘Elías David La Rosa’, que Betancourt rebautizó con el remoquete de “Stalingrado”, por considerarla sede importante de
las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). El allanamiento, Caldera se justifica con el pretexto de que en la UCV hay violencia. De allí la ocupación total
con unos 2 mil hombres, cien vehículos del ejército, unidades de infantería de marina, cuerpo de cazadores, tanques M-8, policía metropolitana, policía política,
PTJ, vigilantes de tránsito. Una vez tomada la UCV por la ‘Operación Kanguro’, se procede a perseguir a la cabeza del poder constituido universitario responsable
de promover la renovación universitaria. En: http://www.analitica.com/va/sociedad/educacion/5928983.asp.
26 ANALISIS SITUACIONAL
y la tecnología dentro de ese desarrollo.
En ese sentido, la idea que se quiere enfatizar es
que la historia de la institucionalidad de la ciencia y la
tecnología en el país no es una historia neutral separada
de los acontecimientos sociopolíticos que de algún
modo han marcado la cultura, valores e imaginarios
del poder asociados al dominio del conocimiento.
La política pública en ciencia,
tecnología e innovación
Como parte del proceso de institucionalización de la
ciencia, a partir de la década de los setenta el tema de
la ciencia y tecnología comienza a ser incorporado a los
programas electorales, en particular en la campaña
electoral de 1973 (Freites, 1989).12 De otra parte, se
avanzó en el proceso de regionalización de la ciencia
con la creación de las fundaciones para el Desarrollo de
la Ciencia y Tecnología (Fundacite) en algunas regiones;
son ejemplos: Fundacite Zulia y Fundacite Centrooccidente
(hoy Fundacite Lara).
Al respecto, puede decirse que desde que se inició el
funcionamiento del Conicit, en 1969, se consideró
como relevantes las actividades de formulación de la
política y planificación de la ciencia. En ese sentido, se
creó un departamento con ese propósito, así como una
unidad de estadística enfocada en la sustentación de
diagnósticos con datos e indicadores. Es importante
destacar y reiterar que el proyecto fundacional del
Conicit estaba centrado en la concepción mertoniana de
la ciencia, en cuyo caso lo fundamental es la producción
de conocimiento, y que en esta tarea los científicos serían
los más preparados para decidir su orientación.
No obstante, implícitamente, se considera que es
una actividad que no necesariamente debe estar sujeta
a la planificación o a la intervención del Estado, toda
vez que es en libertad como se pueden desplegar todas
las posibilidades creativas de la ciencia a través de sus
practicantes.
Evidentemente, y pese a la idea romántica de una
ciencia guiada por la libertad creativa, las críticas que
se le han hecho a este discurso (Texera, 1983) develan
que este pensamiento representa la puesta en práctica
de un modelo lineal de la innovación, en el cual los
investigadores y la ciencia básica tienen la primera, y
con frecuencia, la última palabra. Este discurso, defendido
por una pequeña comunidad inicial, revela la circunstancia
de que sus promotores miraban al país
desde su específico mundo disciplinario; desde luego,
colocando a la ciencia seguramente más allá de sus contornos
reales en cuanto a su papel en la sociedad. Una
de las consecuencias directas de esta visión es obviar o
prestar poca importancia a las demandas sociales de
conocimiento, así como considerar que la ciencia se
legitima y es pertinente por sí misma, como hecho
social valioso y hecho cultural en que se expresa la
libertad individual para crear y recrear nuevos horizontes
de conocimiento. Es decir, bajo esta concepción, la
contribución de la ciencia se esperaría como algo natural,
esperando que la represa del conocimiento científico
se desbordase y llenase así los manantiales de la
ciencia aplicada y el desarrollo tecnológico.
Pero aparte de la dificultad que este grupo tenía para
vincular su trabajo con el hecho social de un país con
profundas carencias, había además una manifiesta miopía
política, producto de un sobredimensionamiento de
una actividad muy legítima, pero que como cualquier
otra tiene su sitio especial aunque compartido en la
sociedad. En este sentido, de acuerdo con los requerimientos
del país, corresponde al Estado promover un
modelo de desarrollo que integre los esfuerzos de científicos,
tecnólogos, innovadores y múltiples grupos de interés,
en el marco de un sistema nacional de innovación
concertado. En tal sentido, cabe apuntar lo expresado
por Vessuri ya en 1983, siguiendo a Weingart (1978):
...La demanda actualmente más sentida es que la
comunidad científica en la periferia debiera ser un
“híbrido” para poder atender a requerimientos de una
gama muy amplia, que se extiende más allá de los
estrictamente “académicos” de la llamada comunidad
científica clásica. La “comunidad híbrida” supone un
marco organizacional en el cual los científicos, políticos,
gerentes, ingenieros, representantes de la industria
y otros grupos de interés se comunican directamente
entre sí, para determinar la definición de problemas,
estrategias y soluciones de investigación”
(Vessuri, 1983:67-68).
Concluye Vessuri (1983), destacando el hecho de
que para lograr una mayor efectividad de las redes de
vínculos y comunicación entre los agentes que integran
la “comunidad híbrida”, se requiere de una “estrategia
de desarrollo económico y social coherente que tenga
apoyo real del Estado. Los planteamientos anteriores
van a contrapelo de la política cientificista que identifica
12. Incluso, desde los partidos políticos se comienza a observar el interés por ocupar espacios de una comunidad científica que, por principios, había permanecido
ajena a la diatriba política. En este sentido, pueden identificarse, aunque tímidas, las “posiciones partidistas” de algunos de los más connotados científicos de
la época. Las divisiones ya no serán sólo de carácter disciplinario, sino además político, y esto en adelante tendrá su influencia en la obtención de espacios de poder
dentro del escenario científico nacional.
ANALISIS SITUACIONAL 27
Texera (1983) en el discurso subyacente a la creación
y desarrollo inicial del Conicit en Venezuela. Esta autora
concluye que “en el fondo se ha seguido actuando de
acuerdo con una concepción que pone el peso en el
investigador individual, el proyecto individual, la
super-especialización y el desarrollo general de la ciencia,
y la política científica resultante de esa concepción
ha sido tímida e inconsistente”.
En ese contexto, con la gestión iniciada en 1974 se
comienza a hablar del “nuevo Conicit”, con un discurso
orientado a vincular a la ciencia con los problemas
de la sociedad, cuestión esta que para algunos voceros
de la visión “libertaria” de la ciencia, significó una politización
de la institución, antes caracterizada por la
pluralidad y tolerancia política de sus integrantes.
Una de las iniciativas emprendidas por los actores que
dirigían este nuevo enfoque del Conicit, fue promover y
realizar el Primer Plan Nacional de Ciencia y Tecnología, el
cual estuvo precedido del Primer Congreso de Ciencia y
Tecnología, como parte del cual se realizó una importante
convocatoria de más de 2.000 personas de los sectores
académico, empresarial y gubernamental.
Esta iniciativa, considerada como un proceso participativo
de planificación en ciencia y tecnología, arrojó
resultados que apuntaron a centralizar los recursos
financieros destinados a estimular la CyT, a poner en
práctica diseños de ingeniería que materializaran los
resultados de la investigación, y vincular a los centros
nacionales de tecnología con los temas de importación
y transferencia tecnológica. Recordemos que en estos
años, bajo la influencia del modelo de sustitución de
importaciones y la teoría de la dependencia, se pretendía
aumentar el potencial nacional de desarrollo
mediante el reforzamiento de las capacidades locales.
Este primer plan contempló dos secciones, una centrada
en las estrategias y otra en los planes sectoriales.
Allí se reconocía el desarrollo reciente del denominado
“sistema científico y tecnológico” (Roche, 1996:263),
aunque con vínculos débiles entre sus partes y poca
articulación con el desarrollo económico y social. De
otra parte, se propuso en el Plan la creación de nuevas
instituciones, tales como: un banco de tecnología, una
oficina nacional de ingeniería, un centro nacional para la
evaluación de tecnología, así como una red nacional
para información científica.
De igual manera, este primer plan, que se circunscribía
a un horizonte temporal de cuatro años (1976-1980),
definió como áreas prioritarias: Agricultura, Ecología,
Electrónica y Telecomunicaciones, Hidrocarburos, Metalurgia,
Nutrición, Salud, Tecnología de Alimentos, Vivienda
(Construcción) y Desarrollo Urbano (Conicit, 1976, c.
p. Freites, 1989, p. 637). Para Avalos y Antonorsi (c. p.
Roche, ob. cit, p. 265) este plan presuponía el “modelo
lineal” de innovación y continuaba centrado en la investigación
básica. Para Roche, el mayor defecto del plan
radicaba en la falta de “poder político” para materializarlo,
lo cual se evidenciaría en que del presupuesto nacional
destinado a CyT, el Conicit sólo financiaba un monto
correspondiente a menos del 5% del mismo. En este
orden de ideas este autor admite que el Conicit había sido
“políticamente ingenuo”, pues aparte de no haber tenido
poder político, no mantenía (ni promovía) vínculos fructíferos
con la industria y el sector productivo en general
(Roche, 1996:266).
Vale agregar que durante la década de los años setenta
se evidenciaron diversas figuras jurídicas en torno al
organismo que fungía de ente rector de la CyT. Un antecedente
fue el Ministerio de Estado de la Juventud, Cultura,
Ciencia y Tecnología, creado en 1969. A este le siguió
en 1973 la creación por decreto de un efímero Comité
Integrador del Sistema Científico y Tecnológico que da paso
a la Comisión Nacional de CyT, liderada por el también
Presidente del Conicit; seguidamente, en 1975, se constituye
el Ministerio de Estado para la Ciencia, Tecnología y
la Cultura, y en 1978, se nombra un Ministro de Estado
sin cartera para la CyT, conducido por uno de los científicos
del grupo inicial de AsoVAC: Raimundo Villegas.
La ciencia y la tecnología en la “década perdida”
En los años ochenta, con la entrada formal de las políticas
de ajuste neoliberal, se abre el gran debate entre
lo público y lo privado. Venezuela comienza a insertarse
profundamente en un modelo de tipo neoliberal en
el que prevalece la idea del mercado y la democracia
liberal como forma de gobierno (Córdova, 1999:25).
Recuérdese que el neoliberalismo nació después de
la segunda posguerra, presentándose como una reacción
contra el Estado intervencionista y de bienestar, y
además tenía como propósito combatir el keynesianismo
y el solidarismo reinantes, para así arraigar una
variante del capitalismo, en este caso mucho más
expansivo y transnacional.13
13. El modelo ideológico del neoliberalismo contempla, en esencia, que las sociedades pueden alcanzar el máximo despliegue de sus potencialidades a través de la supremacía del mercado,
por lo que propone: 1) el mercado debe ser el articulador de la sociedad, y sólo debe ser un regulador favorable de la economía; 2) las organizaciones sindicales deben reducir su papel al
mínimo; 3) el pueblo debe pagar en el mercado por los servicios —los cuales deben ser privados— sin considerar las desigualdades sociales; 4) se presupone una mayor subordinación a los
países hegemónicos; 5) es necesaria una real reducción del aparato estatal, y por lo tanto, del gasto público; 6) se supone básica la difusión del pragmatismo y el consumismo como máximos
valores de vida (Córdova, 1999:25).
28 ANALISIS SITUACIONAL
Es ilustrativo que las políticas sociales en Venezuela
durante estos años están cargadas de un claro intento
de privatización. Se alega el mismo discurso retórico
del desgaste del modelo de Estado paternalista-rentista,
y la necesidad de la disminución del gasto público y
del aparato estatal. Sin embargo, es un discurso contradictorio,
toda vez que no le asigna ningún peso al desarrollo
científico-tecnológico del país, lo cual se evidencia
por los constantes recortes de presupuesto, incluso
el destinado a promover el mencionado desarrollo
científico-tecnológico.
En este contexto se introduce el Segundo Plan Nacional
de Ciencia y Tecnología con un horizonte temporal
de tres años (1986-88). Una de las propuestas centrales
del mismo radicó en la idea recogida en el Plan
Nacional de Desarrollo 1985-88 consistente en la regionalización
y descentralización de las políticas públicas
de CyT.
Empero, pese a los esfuerzos de planificación y
racionalización de los recursos, en los años ochenta se
produjo una prolongada desinversión de la CyT, en términos
reales, lo que condujo a una reducción importante
de los recursos económicos que recibieron organizaciones
como el IVIC durante buena parte de la
década. Una de las consecuencias negativas de esta
desinversión fue la fuga de científicos, la cual se dio
—según Freites (1989:652)— en dos dimensiones:
“...una, entre los investigadores que ya estaban trabajando
en el país, y la otra, relacionada con el relevo
generacional”. Destaca esta autora que la reducción en
los salarios reales produjo un impacto negativo en el
número de investigadores del IVIC y de la ULA, por
ejemplo.
Con la progresiva privatización del sector salud14 y la
hiperpolitización del Estado,15 se profundiza la dependencia
tecnológica, lo que trae como consecuencias visibles
en los años ochenta un deterioro de las condiciones
epidemiológicas de la población en general, aparte de un
modelo de acción sanitaria disperso e incompetente con
una población ajena al sistema de salud, pese a que en
el discurso oficial se hablaba de políticas de carácter
“participativo” (Córdova, 1999:23-24).
Pero quizá lo más grave, como consecuencia de esa
situación de deterioro progresivo de los indicadores
sociales, fue la ocurrencia —durante los últimos días
de febrero e inicios de marzo de 1989— de un fenómeno
de explosión social jamás visto en la historia de la
democracia representativa venezolana. Evento calificado
como “el día que bajaron de los cerros”, se manifiesta
como una explosión social espontánea en la cual los
más pobres, decepcionados por el engaño que significaron
las promesas del recién estrenado gobierno de Carlos
Andrés Pérez (segundo período, 1989-1992), se lanzaron
a las calles generando un caos que sólo pudo ser
controlado tras días de violenta represión policial y
militar.16
Durante esos nefastos días que comenzaron el 27 de
febrero de 1989, se dio rienda suelta a las frustraciones
propias de una cultura consumista inducida y abruptamente
reprimida, al negárseles compartir los beneficios
de la renta petrolera. Estos hechos, sin duda, marcaron
el inicio del protagonismo de unas masas de pueblo
adormecidas que exigieron, en adelante, una nueva
forma de hacer gobierno. De otra parte, desencadenaron
una serie de eventos que explican en buena medida
todas las transformaciones que se experimentaron
durante los años noventa, incluyendo los dos intentos
de golpe de Estado, y el corolario que significó el ascenso
al poder del presidente Hugo Chávez en el año 1998,
como expresión de esperanza, de redención y de alcance
de una verdadera democracia social y económica.
La búsqueda de una ciencia
y tecnología socialmente pertinente
Este ensayo, como ya se ha planteado, es fundamentalmente
una visión de la historia de la institucionalidad
de la ciencia y la tecnología en Venezuela. Sin embargo,
lo más atractivo de este proceso sería analizar contextualmente
esa historia particular en la matriz de la evolución
sociopolítica del país, lo cual, indudablemente
significaría llevar a cabo una investigación mucho más
exhaustiva que la que hemos realizado para este capítulo
del Plan. Pero ciertamente, se pueden plantear algunas
interrogantes en el marco de la historia reciente con
la finalidad de iniciar esa reflexión; por ejemplo:
¿Qué efectos comenzaron a manifestarse en la definición
de los temas de investigación en Venezuela,
luego del 27-F?
¿Cuántos proyectos se comenzaron a orientar sobre
el tema de lo social, incluyendo investigaciones
14. ...por vía de préstamos a bajas tasas de interés, subsidios y apoyo a la construcción de infraestructura para clínicas a gran escala, entre otros” (Córdova, 2004:23).
15. Según Cavarozzi (1993).
16. Las esperanzas por mejorar su calidad de vida, cifradas en este nuevo gobierno, se esfumaron muy poco tiempo después de inaugurado, cuando comenzaron
a sentir en “carne propia” los efectos de las medidas de ajuste estructural de corte neoliberal anunciadas el 16 de febrero de ese mismo año. Los muertos por la
represión militar del gobierno de Carlos Andrés Pérez superaron los tres mil, según algunas fuentes.
ANALISIS SITUACIONAL 29
biomédicas u otras relacionadas con las ciencias
básicas y que pudieran estar dirigidas a la solución
de problemas de la sociedad?
¿Cuántos proyectos de investigación se comenzaron
a asociar a intereses de las transnacionales bajo el
discurso de la competitividad?
En fin, realmente son preguntas provocadoras en
cuanto “repensar el país” a la luz de la situación política
de base social que emergió a partir de 1989. Este
proceso vendría muy ligado a lo que fue para la década
de los noventa el planteamiento de “repensar el
Conicit”, en cuya base estaba la búsqueda de asociar la
investigación a los requerimientos tecnológicos del
aparato productivo nacional. Durante ese período, es
cierto, se planteó un enfoque diferente al manejo tradicional
de corte “academicista” que del Conicit se venía
haciendo.
En tal sentido, no parece fortuito que el debate que
se venía fraguando por más de dos décadas acerca de
producir una ciencia consensuada y con pertinencia
social, comenzara también a cobrar forma con otros
estilos de gestionar la institucionalidad de la ciencia y la
tecnología. Este hecho parece estar vinculado a la circunstancia
de que durante el período 1988-1998, los
presidentes del Conicit fueron dos sociólogos: Dulce
Arnao e Ignacio Avalos, quienes en el pasado habían
formado parte de los cuadros profesionales de la organización
y, en palabras de Avalos y cols. (2004: 100),
“...habían defendido la tesis del uso de la ciencia para
aumentar la capacidad de generar tecnologías propias”.
En ese orden de ideas, durante estas gestiones del
Conicit se intentó experimentar un tránsito desde el
modelo lineal a lo que se consideraba un modelo dinámico
de innovación; es decir, un enfoque que consideraba
como importante la consulta a —y participación
de— los usuarios directos para generar soluciones de
investigación científica y tecnológica. En tal sentido, se
puede mencionar un conjunto de acciones de este organismo,
por cada uno de los períodos de gestión considerados;
a saber:
El período 1988-1993
1. Se negoció el primer Programa de Crédito BIDConicit
de Nuevas Tecnologías. Este programa,
con el apoyo fundamental del Banco Interamericano
de Desarrollo (BID), se orientaba básicamente
a financiar la investigación en cinco áreas
con potencial para su transferencia tecnológica al
sector productivo: Biotecnologuía, Química Fina,
Informática, Electrónica y Telecomunicaciones y
Nuevos Materiales.
2. Se fortaleció la infraestructura de la Fundación
Instituo de Ingeniería y el INZIT-Cicasi, con el fin
de apoyar el programa de reconversión industrial
que adelantaba el Ministerio de Fomento.
3. Se instrumentó el Programa Bolívar para la innovación
tecnológica, con el objetivo de impulsar
la cooperación entre empresas y centros de
investigación de Latinoamérica, para el desarrollo
de innovaciones tecnológica (Avalos y cols.,
op. cit., p. 101).
4. Se establecieron las Ruedas de Negociación Tecnológica.
5. Se creó el Programa de Promoción del Investigador
(González et al., 1996).
Período 1993-1998
1. Se creó el Programa de Agendas con el objetivo
de generar respuestas a demandas específicas de
la sociedad a través de proyectos de investigación.
2. Se creo el Programa de Apoyo a Grupos de Investigación,
orientado a unificar esfuerzos de investigadores
y organizaciones académicas y de investigación,
para solucionar “problemas complejos de
interés nacional” (Bifano, 20 102).
3. Se llevó a cabo el Programa de Apoyo a Laboratorios
Nacionales para hacer más eficiente el uso
de los equipos e infraestructura de investigación.
5. Se fortaleció el Programa de Posgrados Integrados
para aprovechar las capacidades de diferentes universidades
para desarrollar posgrados de particular
importancia para la especialización científica.
6. Se instrumentó la segunda negociación para el
Programa de Crédito en Ciencia y Tecnología, financiado
por el BID con un monto de 200 millones de
dólares.
En estos años, vale destacar dentro del proceso de
“Repensar el Conicit”, que se avanzó en la superación del
“modelo lineal de innovación” con la incorporación de
los actores “impares”, distintos a los propios de la comunidad
científica que tradicionalmente participaba en la
formulación de las políticas públicas en nuestro país.
Ello implicó —por lo menos teóricamente— dar mayor
cabida a las comunidades organizadas, empresarios,
innovadores populares y muchos otros actores, tanto en
la construcción como en la implementación de las políticas
públicas de ciencia, tecnología e innovación.
30 ANALISIS SITUACIONAL
Todo esto se enmarcó en un nueva figura institucional,
el Sistema Nacional de Innovación, en el cual la
innovación es fundamentalmente el resultado de las
redes y los múltiples intercambios entre los actores de
la ciencia, tecnología e innovación y no solamente el
resultado final de la secuencia investigación básicadesarrollo
tecnológico.
Como parte de los esfuerzos realizados se construyeron,
en el seno del Conicit, espacios para la integración
de actores, de cara a una investigación de mayor
impacto social y económico. Ejemplo de ello fueron las
Agendas de Investigación adelantadas entre 1995 y
1998, y más adelante entre 1998-2004, las Redes de
Innovación Productiva (ver Sánchez, 2003).
Empero, es posible que pese a las evidentes bondades
metodológicas de las Agendas, su verdadero impacto
económico y social pudiera haberse afectado por el
hecho de que ese proceso no venía acompañado de una
propuesta de país con un enfoque de desarrollo de largo
plazo y con sentido de integralidad interinstitucional. El
hecho de que el proceso de consulta tuviera una orientación
participativa, no necesariamente implicaba que sus
resultados se conciliaran en su totalidad con los intereses
de carácter público que al Estado correspondía defender.
En ese sentido, es importante recordar que el proceso de
las agendas se venía instrumentando a la par del resquebrajamiento
del Estado como conductor de las políticas
públicas; ello, producto de la crisis durante el segundo
período de Carlos Andrés Pérez tras la aplicación del
paquete de ajustes estructurales impuestos por el Fondo
Monetario Internacional (FMI), las rebeliones militares,
y su posterior retiro del poder el año 1993, bajo acusaciones
de corrupción administrativa.
Por otro lado, si bien Rafael Caldera llega al poder
tras la imagen reformista asumida ante la aplicación de
los paquetes neoliberales —reflejada mediante su posi-
ción crítica al saliente gobierno de CAP—, en la práctica
no tenía proyecto alternativo a las propuestas del FMI, lo
cual se evidenció tras la propuesta e instrumentación de
la “Agenda Venezuela”, esquema político-económico
continuador de las medidas fondomonetaristas.
En este segundo período de Rafael Caldera, en el que
se da el proceso de “Repensar el Conicit”, no es posible
decir que se contaba con un modelo de país que señalara
políticas para orientar la actividad científica y tecnológica
acorde a las necesidades del país. Al contrario, las
salidas estaban vinculadas al libre albedrío de “la mano
invisible del mercado” que consideraba los “efectos
sociales” a través de políticas focalizadas, dirigidas a
unos supuestos “focos de pobreza” que ya ascendían
alrededor de 70% de la población.
Pero cabría una pregunta: ¿Se consideró —incluso la
posibilidad de participación— a los más desasistidos e
invisibilizados ciudadanos de los mencionados focos más
pobres, en la conformación de las Agendas de Innovación?
Desde luego, si esto no fue considerado, se introduce
un sesgo en la política que, sin duda, responde sólo
a los intereses de un sector de la sociedad.
En todo caso, la idea con este tipo de preguntas es rescatar
la importancia que tiene para cualquier proceso de
formulación de políticas públicas, el rol del Estado en la
preservación de los intereses de la nación a través de un
modelo de país que desplegase las verdaderas posibilidades
del desarrollo que necesitamos. El modelo exógeno
de la globalización neoliberal que se nos había impuesto,
hasta ahora sólo ha demostrado producir mayor fragmentación
social y profundización de la pobreza.
Entre otras lecciones aprendidas, lo anterior parece
indicar la necesidad de apuntar hacia una visión más integral
e inclusiva, no sólo para mantener los avances que
pudieron haberse alcanzado en términos de indicadores
clásicos de ciencia y tecnología, sino con la idea de fomentar
una educación más extensiva en la que mayores contingentes
de población estén mejor capacitados para
emprender proyectos para la diversificación productiva.
En la figura Nº 1 se resume la evolución histórica del
aparato institucional de la ciencia y la tecnología en
Venezuela, entre 1959 y el año 2005, tomando como
hitos la creación del IVIC —como expresión de la concreción
de un organismo emblemático del quehacer científico
nacional— y la presentación de este nuevo Plan
Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, período
en el cual el contexto ha estado signado por tres visiones
distintas del desarrollo: el modelo de sustitución de
importaciones, el modelo neoliberal y el actual modelo de
desarrollo endógeno
de la ciencia en Venezuela
Un análisis de la dinámica y el impacto de la ciencia y
la tecnología en Venezuela, debe necesariamente describir
los rasgos básicos que condicionan su emergencia
como institución social en el contexto histórico
correspondiente. Tal enfoque supone, asimismo, una
descripción de las condiciones bajo las cuales se expresa
en el presente, en el marco de las condiciones sociales,
económicas, ambientales y políticas, tanto a escala
mundial como en sus dimensiones nacionales, regionales
y locales.
Las características de la evolución institucional de la
ciencia en Venezuela, explica, en buena medida, la cultura
científica en el seno de la sociedad venezolana.
Los aportes u omisiones de la ciencia y la tecnología en
el proceso de construcción de una imagen de país, se
vincula al tipo de cultura científica que se ha venido
construyendo. Estar conscientes de estos hechos es un
paso hacia el mejoramiento del impacto que una comunidad
tan importante como la científica, puede prestar
al país.
En este aparte del Plan Nacional de Ciencia, Tecnología
e Innovación 2005-2030 se describen aspectos del
contexto y de la evolución del proceso de institucionalización
de la actividad científica en Venezuela. Es
necesario recordar que este proceso se da en dos
momentos distintos y distantes en el tiempo. En un primer
momento se ubican los intentos de un grupo de
venezolanos por instaurar las bases propias del enfoque
de la Ilustración al proyecto republicano —durante
la segunda mitad del siglo XIX— hecho que pudiera
situar sus inicios en 1827, cuando el doctor José María
Vargas asume el rectorado de la Universidad de Caracas
(actual UCV). Este primer período, aunque difuso
históricamente debido a las circunstancias difíciles que
impuso la lucha independentista, está impregnado por
la corriente de pensamiento imperante para la época
(la Ilustración), corriente que si bien asomaba desde el
siglo XVIII, era la que primaba, filosóficamente, en la
visión de muchos de los libertadores.
El segundo momento se expresa a partir de bien
entrado el siglo XX, tiempo paralelo al nacimiento de
las libertades políticas e inicio de un inobjetable proceso
de modernización que había estado detenido justo
en razón de la inestable situación política nacional
durante finales del XIX e inicios del XX. Se lo vincula
directamente al surgimiento de la comunidad científica,
a imagen y semejanza de las corrientes europea y
estadounidense en los aspectos vinculados a la ciencia
y la tecnología de posguerra.
Tanto uno como otro momento son esenciales para
entender el mencionado proceso de institucionalización
de la ciencia en Venezuela. Empero, en tanto el
primero aún se encuentra difuso en la historiografía
sobre este tema, resulta esencial estudiarlo a fin de rescatar
una memoria que es, sin duda, fundamental para
entender, especialmente en este momento, cómo se
puede construir un sistema de ciencia, tecnología e
innovación que esté acorde con los postulados del proceso
de cambio profundo que se vive en el país.
La construcción de una sociedad más humana basada
en el cuido del ambiente, en un desarrollo endógeno
(sostenible y favorable a todos los miembros de la
sociedad), sólo puede alcanzarse, en nuestro tiempo,
comprendiendo cuáles son y desde dónde parten sus
raíces, y construyendo sistemas de ciencia y técnica
adaptados a las características físicas del ambiente
acordes con los rasgos culturales de la población, y
donde exista una voluntad de construir una sociedad
más justa y equitativa. De modo que es deseable que el
sistema científico, técnico y de innovación deba construirse
tomando como base el proyecto republicano. La
continuidad de ese proceso y el cambio que se emprenda
deben estar en sintonía con esos postulados.
El momento inicial
Este primer momento resulta del esfuerzo conjunto por
hacer una república en tiempos cuando el país estaba
devastado en lo físico, y muy especialmente en sus cuadros
humanos formados debido al inmenso esfuerzo
que significó la lucha libertaria. De otra parte, la Corona
española no había hecho mucho esfuerzo por instaurar
en esta colonia espacios para el cultivo del pensamiento,
la ciencia y la cultura. La entraña aristotélica
de su visión del mundo, aparte de la poca importancia
económica que les significaba la Capitanía General
de Venezuela, no les incitó a sembrar grupos para el
cultivo del pensamiento, de la ciencia y de la técnica.
De manera que en este sentido, la tradición por el cultivo
de la ciencia y de su método bajo los principios
galileanos era muy vaga durante esos años, pese a que
era tema de discusión en Europa desde el siglo XVII.
No obstante esta colonia —en su condición de espacio
físico y humano dirigido bajo égida occidental—
fue recibiendo desde muy temprano la influencia del
papel de la ciencia en la construcción de la nación, en
tanto no era una república libre, recibió exploradores
18 ANALISIS SITUACIONAL
imbuidos del enfoque de la Ilustración que buscaban
en nuestro territorio respuestas a sus inquietudes en el
campo de las ciencias naturales. Caso emblemático y
muy conocido fue el de la visita del explorador alemán
Alejandro de Humboldt, por sólo nombrar uno de ellos.
El proyecto independentista que encarnaban los
libertadores traía consigo la preocupación de la Ilustración,
un enfoque que tomó formas peculiares en los
territorios liberados de los países coloniales. La ciencia
y la técnica siempre fueron componentes fundamentales
de aquel proyecto libertario.
Si se toma como fecha de partida la creación de la
república, una de las primeras acciones de los patriotas
y libertadores fue el fortalecimiento de la Universidad
de Caracas. Varios de los próceres del mismo siglo XIX
impulsaron la entrada de modernos conocimientos
para ayudar a construir el nuevo país que soñaron
quienes liberaron estas tierras del dominio del Imperio
español. Iniciativa como la del propio José María Vargas,
primer rector de la universidad republicana, al
crear una serie de nuevas cátedras con la intención de
enseñar las ciencias a los estudiantes de la remozada
institución, es un hito y referencia importante (Villanueva,
1883 [1986]).1
Además, se puede mencionar como otro importante
hito en ese proceso de entrada en la modernidad del
país, la creación, por iniciativa de Juan Manuel Cagigal,
de la Academia Venezolana de Matemáticas, donde
se formaron los ingenieros que irían a construir y
modernizar el país devastado por la Guerra de Independencia
e ingenieros que trajeron ideas para sanear
las ciudades y para mejorar las condiciones de salubridad
del medio construido.
Otras iniciativas condujeron a crear instituciones
de clara vocación científica como lo eran las academias
de Ciencias, al estilo de la Europa del siglo XVIII.
También durante el siglo XIX fueron creadas algunas
academias como la de la Lengua o la de Medicina
para intercambiar los avances que en estas materias
hacían sus integrantes.
Más ejemplos, en particular de personas pioneras
en materia de ciencia y técnica, también se pueden
mencionar. Sobresale Vicente Marcano, el padre de la
química en el país, quien vio en el conocimiento científico
no sólo un placer de carácter intelectual, sino también
de utilidad práctica. Asimismo, Adolf Ernst, en el
campo de la botánica, y Luis Razetti, Santos Domínici y
Rafael Rangel en el de la medicina.
Iniciativas de creación de instituciones como el
Colegio de Ingenieros de Venezuela (1861), cuyos fundadores
reivindicaron desde su creación constituir una
corporación que se basaba en la ciencia y técnica para
construir el medio habitable para la población, se convierte
en un hito importante en ese proceso. Asimismo
es de mencionar la constitución del Museo de Ciencias,
que curiosamente resulta ser el primer museo fundado
en el país; es también, un antecedente válido en la búsqueda
de la entrada a la modernidad y de la idea de
progreso que constituyó la ciencia durante el siglo XIX.
El segundo momento
La importancia que tiene el primer momento que describe
la historiografía de la ciencia en Venezuela se relaciona,
indudablemente, con los valores de la fundación
de la República de Venezuela. El proyecto de país que
se iba dibujando llevaba implícita una visión de la
importancia del conocimiento científico y técnico propio
del enfoque de la Ilustración, pero que no necesariamente
le convertiría en un enclave. Empero, pese al
indudable esfuerzo realizado hasta finales del siglo XIX,
sus consecuencias no se hicieron mayormente constatables
debido, curiosamente, a la inestabilidad y rigidez
de la situación política que se extendió hasta bien
entrado el siglo XX.
Así, la actividad científica venezolana antes de
1936, no fue propiamente significativa para el crecimiento
económico o para el desarrollo de alguno de
los sectores básicos del país. En palabras de Díaz
(1983), fue Guzmán quien hizo un primer intento de
modernización y de formación de un Estado liberal en
el país, experiencia que a la larga no pasó de ser una
retórica liberalizante. La conjugación del liberalismopositivismo
de corte anticlerical que estaba en la base
de su planteamiento, parece haber entrado en conflicto
con los conservadores etiquetados de “oligarcas”,
hecho que impidió cualquier intento de “progreso”
pretendido por los grupos de élite de la última parte
del siglo XIX.
El punto de inflexión que marca el inicio de un proyecto
de introducción de la actividad científica y tecno-
1. Vargas estuvo preso luego de la capitulación de Miranda, en 1813; no obstante, queda libre tras el triunfo de Bolívar, e inmediatamente viaja a Europa a hacerse
de la ciencia que aún no había recibido, debido a las dificultades propias de la universidad venezolana en la que hizo estudios. En Edimburgo y Londres se mantiene
hasta 1816; allí estudia química, clínica y obstetricia y, asimismo, anatomía y cirugía (Bruni Celli, 1986). De igual modo, este venezolano se hizo de una
amplia experiencia y conocimientos acerca de la botánica, disciplina que cultivó toda la vida. Cuando residió en Puerto Rico desarrolló una extensa comunicación
e intercambio de material botánico con muchos de los más notables estudiosos de esta disciplina; entre otros se cuentan especialistas de la talla de Agustín Plée,
Alphonse Decandolle, Hermann Karsten, etc. (Adolf Ernst, 1877, en Bruni Celli, 1986).
ANALISIS SITUACIONAL 19
lógica en Venezuela durante este segundo momento,
es la muerte del general Juan Vicente Gómez a finales
de 1935, gobernante autoritario que mantuvo un
férreo control político y militar de la nación por 27
años continuos. Durante esta dictadura los mayores
esfuerzos se hicieron por modernizar el ejército y por
construir una red nacional de carreteras cuya finalidad
fue, según varios analistas, más política que económica.
Las universidades fueron objeto de un control
permanente e, incluso, la de Caracas (UCV) permaneció
cerrada durante 10 años, y se uniría a las ya
cerradas universidades del Zulia y de Carabobo (Díaz,
1983, pp. 78-79).
La ciencia en Venezuela comienza a surgir como
resultado de un proceso de implantación de la actividad
institucionalizada que se hacía en los países más
desarrollados, en momentos cuando el país salía del
oscuro deambular de la dictadura gomecista y entraba
en un proceso franco y acelerado de modernización;
pero en cualquier caso, si bien hubo individualidades
que sobresalieron como investigadores, no había ciencia
organizada como tal. Cuando en Venezuela comenzó
a vislumbrarse la organización de la ciencia, justo en
los años de la década de los cincuenta, ya sus practicantes
eran “modernos”, con todo lo que este término
implicaba en un ambiente más bien rural y de relativo
atraso (Texera, 1984).
Pero el hecho de que Venezuela hubiese sido un país
en el que este rasgo de “modernización” haya llegado
relativamente tarde, no lo diferencia en esencia de la
situación de dependencia que caracteriza también a los
otros países del contexto latinoamericano. La ciencia
en América Latina no ha escapado del proceso de transnacionalización
y de penetración ideológica del capital,
dentro del modelo de capitalismo periférico que se
reproduce en todas las instancias económico-sociales y
cultural-ideológicas de cada sociedad nacional (Torrealba,
1984). Para este autor, el carácter subsidiario
de la ciencia latinoamericana no sólo se expresa en la
adopción de marcos teóricos extranjeros, sino también
en las posturas que la comunidad científica asume ante
las actividades propias del proceso de investigación y
divulgación de resultados, aspecto que por lo significativo
trataremos más adelante.
El Programa de Febrero, un espacio de transición
Luego de la muerte del general Gómez le sucede en la
presidencia de la República quien durante ese gobierno
había fungido de Ministro de Guerra y Marina, el también
general Eleazar López Contreras. Este nuevo presidente
se distancia del estilo y objetivos del régimen
anterior, al proponer lineamientos políticos que expresan
en la práctica una apertura hacia las corrientes de
desarrollo que habían sido preteridas durante 27 largos
años, lo cual se expresa a través de un enjundioso
documento denominado Programa de Febrero, propuesto
apenas nueve semanas después de haberse
investido como gobernante.
Este documento cobra una especial significación
en la historiografía política venezolana por la trascendencia
del contenido y alcances posteriores en el desarrollo
nacional. Parte del éxito, según lo apunta Ruiz
Calderón (1992), se debe a que logra la coincidencia
de posiciones políticas opuestas (afectos al gobierno y
oposición de entonces) en torno a temas fundamentales
cuyas exigencias se venían acumulando. En este
sentido, puede afirmarse que el Programa fue la formalización
de un proceso de consolidación y centralización
del Estado nacional que entonces se modernizaba
(p. 20).
A los efectos del tema que interesa, es necesario
apuntar que este programa, por una parte, auspició
expresamente a las pocas instituciones que hacían
investigación científica, y por otra, se impulsó la creación
de muchas otras, bajo su inspiración (Ruiz Calderón,
1992). Se dio especial importancia a los aspectos
de la salud y de la agricultura, además de la geología y
la economía. Sin duda, fue un programa que dio especial
relevancia a la ciencia y a la técnica, campos del
conocimiento que ya eran básicos para emprender el
desarrollo como nación. El Programa fue una eficiente
herramienta para impulsar el anhelado proceso de
“modernización” del país, toda vez que no sólo propició
la creación y consolidación de mecanismos científicos
y tecnológicos, sino que además propuso cambios
en el aparato estatal.
En este contexto, es interesante observar que la
principal propuesta que en materia técnica contemplaba
fue la creación de un Consejo Nacional de Investigación,
dependiente del Ministerio de Instrucción Pública,
que tenía como finalidad estudiar los grandes problemas
técnicos nacionales (Roche, 1996), problemas
que eran abrumantes, especialmente por lo rudimentario
del sector industrial para 1936. Ello fue importante
porque a partir de este hecho se observó un incremento
de la actividad técnica, lo cual se dio acompañado de
la promoción de una política inmigratoria que abrió las
puertas de la nación a un gran número de personas con
un cierto grado de formación técnica, fundamentalmente
de Europa, quienes vinieron a engrosar los
20 ANALISIS SITUACIONAL
sectores productivos medios (Freites, 2002).
En materia de educación, aspecto que resultaría básico
en lo relativo a la modernización, el reto era inmenso,
toda vez que los intentos de difundir la educación iniciados
por Guzmán se estancaron, de tal modo que el
analfabetismo hacia 1940 llegaba a 80% de la población.
En este sentido, de los ocho aspectos básicos del Programa,
el de educación fue el de más importancia en tanto
se diseñaron diez políticas y se crearon ocho instituciones,
entre las que sobresalen organismos emblemáticos
como el Instituto Pedagógico de Caracas, la Escuela
Experimental Venezuela y el Liceo Aplicación, a más de
varias escuelas de artes y oficios, artes plásticas, técnica
industrial, de artes escénicas y otras de este mismo
orden (Ruiz Calderon 1992, p. 29).
De otra parte, entre 1935 y 1945 se pasó de 90.000
alumnos de educación primaria a 298.344. El analfabetismo,
para 1950, había bajado a 30%; en cambio, la
educación superior no fue una prioridad durante ese
período de modernización, pues se elevó de 1.300
estudiantes en 1935 a 3.161 en 1945, de un total, en
todos los niveles, de 93.000 alumnos en 1935 y
313.108 en 1945 (Díaz, 1983).
En lo relativo específicamente a la creación de bases
para lo que posteriormente sería la comunidad o la institucionalidad
científica, vale la pena mencionar que si
bien fueron pocos los adelantos en esta materia, no es
posible dejar de mencionar, de un lado, la creación de la
Escuela Superior de Agricultura y Zootecnia, la creación
del Instituto de Medicina Experimental, la Escuela de
Geología y la Escuela de Ciencias de la UCV; asimismo, la
creación del ya mencionado Instituto Pedagógico de
Caracas, que sin duda fue un semillero para el desarrollo
de diversas disciplinas científicas. Es importante resaltar
que el tema de la salud (higiene) estuvo, junto a los de
agricultura, educación, economía y comunicaciones, entre
las mejores iniciativas consideradas.
El Instituto Nacional de Higiene, creado en 1939, y
la Escuela de Salud Pública del Ministerio de Sanidad
y Asistencia Social formaban higienistas y especialistas
y realizaban investigación sobre enfermedades propias
del medio, al punto que el problema de salud que
representaba la malaria se constituyó en un notable
tema de investigación científica.2 Por otro lado, para
finales de la década de los cuarenta, la Facultad de
Medicina dictaba cursos de posgrado —los primeros del
país—, en especialidades clínicas (Texera, 1984).
La política de salud preventiva iniciada con el
Ministerio de Sanidad, se potenció con la creación de
instituciones como el Ministerio de Agricultura y Cría
(1936), cuyo papel central se circunscribía en promover
políticas destinadas a maximizar la producción
agrícola y pecuaria. De otra parte, con la creación en
1943 del Instituto Nacional de Obras Sanitarias
(INOS) se inició la dotación de redes de aguas negras
y suministro constante de agua potable a varias ciudades
venezolanas.3
Sin embargo, es importante destacar que el impulso
a la investigación nacional bajo el modelo de salud
pública inducido desde el exterior, nunca se acompañó
de una mayor independencia tecnológica; todo lo
contrario. A este respecto Córdova y otros (1999) afirma
que el impulso de este modelo sólo se correspondía
con las exigencias del capital internacional —objetivado
como inversión en la explotación del petróleo—
el cual requería, por razones obvias, la protección
de los técnicos extranjeros que trabajaban en las
zonas endémicas.
Empero, es bueno acotar, finalmente, que el Programa
de Febrero significó un espacio de relativa apertura
política y fue, en efecto, el mecanismo que permitió
el inicio concreto de modernización del país. En lo
que a la CyT corresponde, Ruiz Calderón (1992) argumenta
que la incidencia en este aspecto científico-tecnológico
se observa en tres rasgos principales. En primer
lugar, desde el Programa se insistió en la necesidad
de capacitación técnica y científica de los funcionarios
del gobierno, en la intención de lograr implementar
gran parte de las propuestas. En segundo
lugar, insistió en que el Estado —en una sociedad
como la venezolana de aquel entonces—, debía proveer
las condiciones para que las capacidades técnicas y
científicas pudieran no sólo generar los conocimientos,
sino aplicarlos. En tercer lugar, este programa sirvió
para que las autoridades gubernamentales tomaran
conciencia de que las capacidades científico-técnicas
necesarias para el país podían ser construidas
desde dentro, a imagen de la de otros países que, a su
vez, podrían servir de modelos para la modernización
venezolana.
2. A principios del siglo XX el paludismo (malaria) era una enfermedad que atacaba muy fuertemente a la población venezolana en, aproximadamente, el 65 por
ciento del territorio nacional; tanto, que en algunas regiones, especialmente en los llanos, la mortalidad llegó a ser mayor que la natalidad. En ese sentido, entre
1910 y 1945 se registraron en el país 63 índices vitales negativos (nacimientos menores que mortalidad), en ciudades de relativa importancia poblacional. Entre
1920 y 1935 se estimaba un promedio de 7.000 muertes por año debido a esta enfermedad (Gutiérrez, 1992).
3. Vale mencionar que estas medidas, entre otras, permitieron que Venezuela bajase sus altas tasas de mortalidad, su población creciese y llegara a alcanzar, a finales
del siglo XX, una esperanza de vida de 70 años o más.
ANALISIS SITUACIONAL 21
Primeros pasos
de la comunidad científica venezolana
Si bien la actividad científica venezolana se había iniciado
en la segunda mitad de los años treinta, aun en
la década de los años cincuenta era muy exigua; se centró
en pequeños espacios institucionales y más aún, en
individualidades ligadas disciplinariamente a la salud y
a la agricultura, principalmente. La apertura política
que significó la muerte de Gómez, aportó, en efecto,
elementos de persuasión a algunos sectores gubernamentales,
empero no garantizó pasos avanzados de
modernización en este campo. Pero, si bien los niveles
de atraso en aspectos básicos como la salud y la agricultura
suponían esfuerzos que exigían espacios institucionales
para la ciencia y la tecnología —como de
hecho se insinuaron en estos sectores—, paradójicamente,
el atraso en otro sector, la educación, resultaba
un freno estructural para su instauración.
Al inicio de la década de los años cincuenta Venezuela
era un pequeño país atrasado con cinco millones
de habitantes, de los cuales más del 50% era analfabeta.
Según Vessuri (1984), no había un mercado local
para el conocimiento que los científicos físico-naturales
pudieran producir, ni un incentivo material para brindarles
apoyo económico. El país ya tenía un ingreso
que dependía casi exclusivamente de la renta petrolera,
como antes lo tuvo de los cultivos de exportación,
café y cacao. De otra parte, como consecuencia de ese
atraso en educación, las pocas universidades existentes
orientaban sus estudios básicamente hacia campos de
las humanidades, derecho o a carreras de utilidad
social directa como agronomía, veterinaria y medicina.
Las facultades de Ciencias se crearían a partir de finales
de esta década de los cincuenta, por lo que los primeros
profesionales orientados disciplinariamente
hacia ese campo se formarían a partir de la década de
los años sesenta. Los posgrados, que se inician en Venezuela
a partir de los cuarenta, sólo se desarrollaban en
las escuelas de Medicina, de modo que los médicos
tuvieron gran influencia en los pocos estudios biológicos
que se hacían.4
El escenario institucional básico para el despliegue
de la actividad científica que tendría lugar en las décadas
posteriores —en palabras de Vessuri —, se armó a
partir de los años cincuenta. Durante esta década se
dio una inusitada actividad organizativa en este orden
de cosas, la cual dejó como saldo positivo un significativo
grupo de instituciones y mecanismos para la promoción
del hacer científico. Entre otros organismos se
crearon: la Asociación Venezolana para el Avance de la
Ciencia (AsoVAC), en 1950, la Fundación Luis Roche
(1953), la Facultad de Ciencias de la UCV (1958), el
Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas
(IVIC) en 1959 (originalmente Instituto Venezolano de
Investigaciones Neurológicas y Cerebrales (IVNIV),
fundado en 1954 por el insigne investigador Humberto
Fernández Morán), y dentro de la Ley de Universidades
de 1958, se introdujo la figura de los consejos de
Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH), organismos
que forman parte —como parte de esa Ley— de un
mecanismo mayor de promoción de la investigación
científica y humanística.
Estos organismos y mecanismos, sin duda, fueron
espacios conquistados en el camino de la institucionalización
de la ciencia y de la investigación en Venezuela;
podríamos afirmar que han sido los más importantes del
siglo recientemente pasado. Muchos de los avances posteriores
fueron, sin duda, producto del esfuerzo y logros
de ese grupo de hombres y mujeres durante esa década.
Sería necesario recordar entre otros nombres los de:
Francisco De Venanzi, Humberto Fernández Morán,
Marcel Roche, Tobías Lasser, Miguel Layrisse, Luis Carbonell,
Gabriel Chuchani y Raimundo Villegas.
El Programa de AsoVAC
La ideología “dominante” de la ciencia en Venezuela
fue introducida y reproducida por la AsoVAC a través
de los mecanismos propios de esta asociación. Esa
forma de “ver” a la ciencia en su vinculación y relacionamiento
con y en la sociedad venezolana es muy propio
del grupo iniciador de la comunidad científica
nacional, primero aglutinado en la Fundación Luis
Roche (FLR), y luego asociado en la AsoVAC, seguramente
siguiendo el modelo de asociación de su similar
en EE UU, la American Asociation for the Advancement
of Science (AAAS). La mayor expresión de esta ideología
se notaría en el IVIC, toda vez que buena parte de
los miembros de la FLR pasaron a formar parte del IVIC
en sus años de creación.
La ideología que se instituyó se centraba en la condición
universalista, desinteresada, comunalista y de
escepticismo organizado de la ciencia, propias de la
4. Lo que sería la primera Escuela de Ciencias (Biología) se funda en 1946, adscrita inicialmente a la Facultad de Filosofía y Letras y luego a la de Ciencias Físicas
y Matemáticas (Ingeniería) de la UCV, hasta que finalmente se adscribe a la Facultad de Ciencias en 1958. La creación de esta escuela estuvo a cargo del doctor
Tobías Lasser, médico que se había orientado por los estudios botánicos bajo la tutela de Henri Pittier; no obstante, esta escuela no era muy del agrado de parte
de la comunidad médica de entonces, pues consideraban a la biología como tema de su competencia profesional (Texera, 1984).
22 ANALISIS SITUACIONAL
visión normativa que de ésta había descrito Merton
(1942), cuya expresión normalmente se le conoce
como visión mertoniana de la ciencia. Según esta acepción,
la ciencia es, en sí misma, un mecanismo de progreso
y de civilización, y tácitamente es obligación de
los estados promoverla y apoyarla. En el esquema mertoniano,
la utilidad no es el objetivo de la investigación
científica. Una expresión de este desinterés lo manifiesta
Marcel Roche, primer director del IVIC, cuando afirma
respecto de un investigador científico:
“...su impulso de investigador obedece a una necesidad
interna (entusiasmo) y se hace secundario el interés
material, el sueldo, la vanidad y otros factores
externos. Ese entusiasmo... es un dios interior, una fuerza
inspiradora, e incomprensible para el no iniciado...
(en Freites, 1984:358) —itálicas en el original.
En Venezuela, según esta visión, al educar al hombre
en una actividad racional como era la ciencia, la
sociedad venezolana se orientaría hacia un grado
mayor de racionalidad en sus actividades (Freites,
1984). No obstante, esta visión también suponía una
total autonomía de los científicos en cuanto a escoger
sus líneas de trabajo, las cuales habrían de ser financiadas
por el Estado, pero sin que éste pudiera participar
directamente en la orientación de la investigación, pese
a que pudieran existir algunas prioridades.
Los miembros de la naciente AsoVAC elaboraron un
programa político-científico para desarrollar la ciencia
en Venezuela, acogiéndose en toda su extensión a estos
principios mertonianos, principios que coincidían con
las propuestas que para entonces hacía la Unesco en el
contexto internacional. Los científicos venezolanos
buscaban mantenerse en condiciones de absoluta libertad
de investigación frente a presiones políticas y sociales,
aspiración que estuvo claramente expresada en las
proposiciones de la AsoVAC, de las universidades y de
la Comisión Preparatoria para el Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Tecnológicas, las que coincidían
abiertamente con la proposición Unesco, que a
la larga, a los fines de referido Consejo, fue la que se
puso en vigencia; es decir, un Consejo que promovería
la ciencia siguiendo patrones y normas internacionales,
establecidas por la actividad científica realizada en los
países desarrollados (Texera, 1983).
La comunidad científica venezolana finalmente
adoptó el enfoque mertoniano de la ciencia y seguramente
el establecimiento más emblemático en cuanto a
aceptación de este ethos ha sido el IVIC. Los fundadores
de este organismo estuvieron muy compenetrados con
el “programa” de AsoVAC, el cual concebía la libertad
de investigación y la autonomía del investigador como
las formas más idóneas de que la actividad científica
echara raíces en Venezuela (Freites, 1984).5 El IVIC se
convirtió —apunta Vessuri, 1984— en una suerte de
“Meca” para aquellos científicos comprometidos con
una orientación abiertamente “academicista”, la cual,
en ausencia de una política nacional tendente a la creación
de un sistema de ciencia y tecnología para el desarrollo,
se fue aislando cada vez más del medio local y
se hizo dependiente de la comunidad científica internacional
para la definición de sus propios objetivos. Pero,
desde luego, no sería el IVIC el único organismo en
donde se aceptara y promoviera esta visión de la ciencia;
también las facultades de Ciencias se plegaron a
dicho enfoque haciendo del espacio científico internacional
su abrevadero principal, —en modelos organizacionales,
metodologías y temas de investigación, promovidos
por agencias internacionales—, a despecho,
igualmente y en buena medida, de la realidad nacional.
Pero en Venezuela existían voces distintas al discurso
mertoniano. En este sentido es bueno acotar que antes
que la Unesco hiciese su propuesta, un médico internista
docente de la UCV, el doctor Gabriel Trómpiz, propuso al
Ministro de Educación de entonces, en 1949, la creación
del Consejo Nacional de Investigaciones, un organismo
que promovería la investigación desde el Estado. El doctor
Trómpiz había concebido esa idea tras la visita que
hizo a algunos centros de investigación en Argentina y
Brasil, países en donde había mayores avances en esta
materia con relación a Venezuela. Proponía este investigador
que el Estado debería financiar los esfuerzos por
organizar y realizar investigación, siempre y cuando esta
investigación se vinculara con los requerimientos del país
en esta materia. Finalmente, su propuesta no fue considerada
en razón de la carencia de fondos presupuestarios,
según se le informó.6
La ciencia en Venezuela a partir de 1958
Los estudiosos de la historia de la ciencia en Venezuela
consideran los años finales de la década de los cincuenta
5. Esta autora refiere que Marcel Roche, primer director del IVIC, le confiaría que Enrique Tejera, a su vez primer titular del Ministerio de Sanidad (1936) y de
gran prestigio como científico y gerente de la salud, se retiró del Directorio del IVIC en razón de no estar de acuerdo con el enfoque cientificista de este organismo.
Pensaba este venezolano que en un país como Venezuela, con los grandes problemas (sanitarios, por ejemplo), requería más de la investigación aplicada (Freites,
p. 360).
6. Yolanda Texera en artículo ad hoc (1983) hace un buen análisis del proceso de creación del Conicit y de las distintas propuestas que sobre este proceso se introdujeron.
ANALISIS SITUACIONAL 23
como un punto de inflexión hacia la etapa que llaman
de “democratización”. Es un momento de apertura
política que permite, entre otros, un mayor espacio de
desarrollo de la ciencia y la tecnología. Diversos eventos,
se puede mencionar, sucedieron en ese camino de
institucionalización, pero un primer evento que destaca
fue la creación de la Facultad de Ciencias de la UCV,
viejo sueño que consolidaba una serie de iniciativas
que habrían comenzado con la creación, en 1946, de lo
que posteriormente sería la Escuela de Biología. Antes
de que se creara esta facultad no existía en Venezuela
un espacio académico específico para las ciencias básicas;
sin embargo, una vez creada en la UCV, la idea se
multiplicó por varias otras universidades; tal es el caso
de la ULA, UDO, USB, LUZ y UC.
Desde la perspectiva específicamente política, es
bueno señalar que esta etapa del proceso de institucionalización
de la ciencia y la tecnología en el país se
enmarca dentro del modelo basado en la visión “democrática”
de los máximos líderes de los partidos que
luego hegemonizarían el espacio político nacional. Este
modelo, producto del llamado comúnmente “Pacto de
Punto Fijo”,7 comenzó a incidir de manera fundamental
en la conformación de estilos, alianzas y modos de
negociación de los intereses de la sociedad en los distintos
ámbitos de la vida pública, incluyendo, por
supuesto, los temas de la institucionalidad de la ciencia
y la tecnología.
Otro aspecto digno de analizar fue la inclusión de la
ya mencionada figura institucional de los consejos de
desarrollo (CDCHT) en las universidades, cuya primera
experiencia fue en la UCV. Esta figura, junto a los avances
que significaron la inclusión del trabajo de mérito
(investigación) para ascender en el escalafón, y la introducción
de la dedicación exclusiva y tiempo completo,
significó un nuevo impulso en la institucionalización de
la investigación en la universidad venezolana. Prácticamente,
se instituía la “carrera académica” en las universidades
en tanto los docentes podrían dedicarse de
modo exclusivo a la docencia e investigación, experiencia
que a lo largo del tiempo no ha sabido aprovecharse
para hacer de las universidades el locus natural de la
investigación en nuestro país. La mayoría de nuestras
universidades se acogieron a la visión institucional de
orientación “napoleónica” en tanto dieron especial y casi
exclusiva atención a la docencia.
De otra parte, el discurso de la planificación comienza
a considerarse institucionalmente a imagen de los
planteamientos de la Cepal, razón por la que se crea Cordiplan,
en 1958, adscrita a la Presidencia de la República,
y más tarde, en 1960, el Centro de Estudios del Desarrollo
(Cendes), dependiente del Vicerrectorado Académico
de la UCV, pero que complementaba al primero en
tanto formaría a los futuros planificadores de desarrollo
económico y social, incluidos, más tarde, los del área de
ciencia y tecnología. De otra parte, para la promoción y
desarrollo de la cuestión tecnológica, desde el Rectorado
de la UCV, dirigido entonces por Francisco De Venanzi, se
propuso la creación del Instituto Tecnológico de la Facultad
de Ingeniería de la UCV, proyecto interescuelas que
desafortunadamente no prosperó (Vessuri, 1984), pero
que tampoco se retomó en el tiempo posterior.
De modo que este nuevo momento, iniciado a partir
de la salida de Pérez Jiménez, significó la aceleración
de la construcción de las bases institucionales para
la ciencia en Venezuela. En ese sentido, y continuando
con este proceso, durante la segunda mitad de la década
de los sesenta se consolidó una idea que había propuesto,
entre otros, el doctor Gabriel Trómpiz, de conformar
una figura institucional nacional para la promoción
y coordinación de la ciencia y la tecnología. Se
creó el Conicit, en 1967, luego de una serie de propuestas
tanto internas como externas al país, pero finalmente
se acogió la que había sugerido la Unesco en 1951,
a través de uno de sus asesores, el sueco Torbjorn Caspersson
(Texera, 1983).8
Los años sesenta
El proyecto de institucionalizar la actividad científica a
escala nacional suponía un proceso de captación de jóvenes
con vocación hacia la ciencia; en este sentido, se
planteó el desafío de reorientar o canalizar estas vocaciones
a fin de formarlos como investigadores científicos
profesionales. Pese a que la ventaja comparativa de
Venezuela —a diferencia de otros países subdesarrollados—
estaba en la suficiencia de recursos económicos
7 El nombre de Punto Fijo responde a la denominación de la casa de uno de los políticos actuantes, en donde se hicieron las reuniones que dieron lugar a estas
alianzas.
8 Trómpiz proponía un organismo que vinculase más la ciencia con los requerimientos del país. La visita que había realizado a organismos de investigación de Brasil
y Argentina le habían convencido de lo importante que sería hacer ciencia en Venezuela; pero una ciencia más cercana a las necesidades internas. En esto coincide
con la posición —ya mencionada— asumida por Enrique Tejera con relación al enfoque de vocación internacionalizante del IVIC, y asimismo, con la que antes
había tenido Pittier (Arvanitis y Bardini, 1992), respecto de la necesidad de formación en Venezuela de técnicos agrícolas antes que de teóricos de la agricultura,
en tiempos cuando se quería crear la Escuela Superior de Agricultura (1937). Es decir, hay coincidencia de búsquedas en estos tres hombres, respecto de lo que
debería privar en cada uno de los momentos de la Venezuela de su época, cuando se inician los estudios y la organización científica.
24 ANALISIS SITUACIONAL
para emprender una acción de promoción de la actividad
científica, su debilidad se centraba en la ausencia de
vocaciones, en la falta de contingentes de jóvenes con
deseos de convertirse en científicos (Vessuri, 1992:22).
En el marco de las políticas de promoción de la actividad
científica, se presenciará como una de las consecuencias
más importantes la expansión del sistema universitario,
comenzando en 1958 con la creación de la
Universidad de Oriente (UDO) y reabriéndose la Universidad
de Valencia (luego denominada Universidad
de Carabobo). Paralelamente a este proceso de estímulo
de la actividad científica nacional, también se promovieron
políticas de masificación de la educación
básica. (Freites, 2002).
De esta manera, durante la década de los sesenta,
con el desarrollo de varias universidades nacionales, se
produjo también la creación de facultades o departamentos
de ciencias básicas que serían el germen de
parte importante de la investigación realizada en las
décadas siguientes en las áreas de biomedicina, tecnología
de alimentos y agricultura. Desde luego, las
carencias de recursos humanos bien formados para la
docencia en estos nuevos establecimientos indujo a
posponer por algunos años su inicio. Empero, un hecho
emblemático en el proceso de institucionalización de la
ciencia durante esta década —como antes se mencionó—
fue la discusión pública de la idea de institucionalizar
las políticas científicas a través de la creación de
un Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Tecnológicas. Al respecto, mencionaremos algunos
hitos de este período según lo señala uno de sus actores
principales, el doctor Marcel Roche (1996):
1962: Se instala la Comisión Preparatoria para la creación
del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas,
integrado por representantes de AsoVAC (uno de los principales
promotores), IVIC, UCV y Fedecámaras.
1964: Una misión de la Unesco recomendó crear
ese Consejo y adscribirlo a la Presidencia de la República,
para dotarlo de mayor poder.
1965: La Comisión Preparatoria recomienda crear
el Consejo Nacional de Investigación, adscrito al Ministerio
de Fomento.
1967: Se aprueba la ley de creación del Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit).
1969: Son designados su presidente y vicepresidente
y comienza a funcionar el Conicit.
Década de los setenta:
entre la abundancia y el despilfarro
Antes de iniciar el análisis del desenvolvimiento institucional
de la ciencia y la tecnología en Venezuela a partir
de la creación del Conicit en el año 1969 y su desarrollo
en la década de los setenta, es importante mencionar
algunos hechos sociopolíticos que explican los
estilos institucionales, sus avances y logros, pero también
el germen de algunos de los fracasos de la política
pública para la ciencia y la tecnología nacional.
En tal sentido, es importante entender que a partir del
momento en que comienza a funcionar el Conicit, exactamente
durante los primeros años de la década de los
setenta, se experimentaba una crisis económica en el
ámbito mundial. En este período comenzó a “reinar” en el
pensamiento hegemónico neoconservador, la idea de que
el decrecimiento de la productividad, el colapso de la
ganancia privada, el estancamiento económico, el desempleo
y la inflación, eran culpa de los modelos económicos
del Estado de bienestar. Esta situación propició las condiciones
para un nuevo auge en el pensamiento liberal, que
se manifestaría en los acontecimientos de la dinámica
sociopolítica venezolana de los años setenta y los venideros
de la década de los ochenta, calificada por algunas
agencias internacionales como la “década perdida”.
Desde el punto de vista sociopolítico, cabe recordar
que terminada la década de los sesenta, concretamente
el año 1969, tomaba posesión del Gobierno el doctor
Rafael Caldera (1969-1974), siendo los lineamientos
económicos de su gobierno propuestas muy genéricas
en cuanto a: diversificación económica, aumento de las
exportaciones no tradicionales, ampliación del mercado
interregional, mayor equidad distributiva y disminución
de la vulnerabilidad alimenticia, realizados dentro
de una misma concepción de Estado interventor,
empresario y asistencialista.9
Pero ese mismo año de la toma de posesión presidencial
de Rafael Caldera, y como parte de una política de
Estado orientada al desmantelamiento de los considerados
“focos” subversivos del movimiento juvenil universitario,
10 la ciencia y tecnología venezolana, sufren un revés
9. “En la medida en la que el desarrollo del capital se fue transnacionalizando y se concretó en grandes endeudamientos de nuestros países, las obligaciones para
con la base de acumulación, sobre todo las derivadas del pago de la deuda externa, generaron deformaciones profundas en las políticas sociales, resumidas en el
carácter populista, paternalista y aberrante con el que fueron direccionadas” (Córdova, 1999:23).
10. En realidad, éste fue un movimiento de muchas aristas que nace inspirado en los acontecimientos del Mayo Francés de 1968. Las universidades se levantan a
luchar contra el sistema y contra sus propias deficiencias. En nuestro caso, y por primera vez, se alzan muchas voces contra la enseñanza anacrónica, la escasa
investigación y la inexistente extensión. Se emprende una abierta crítica contra los profesores que se consideran “tradicionales”. Los pensa debían actualizarse y la
universidad ligarse con la calle y la sociedad. La universidad contestataria-tomista logra cada vez más espacio. Era evidente la intención política, social e ideológica.
En: http://www.analitica.com/va/sociedad/educacion/5928983.asp.
ANALISIS SITUACIONAL 25
importante al ser allanada la Universidad Central de
Venezuela por la policía y Guardia Nacional, operación
esta que será recordada siempre por la comunidad ucevista
como uno de los mayores atentados que ha sufrido
la autonomía universitaria en su historia reciente.11
Para el año 1974, bajo la presidencia de Carlos
Andrés Pérez (1974-1979), se dio un incremento considerable
de los ingresos nacionales por vía de la renta
petrolera. Estos ingresos extraordinarios le permitieron
al gobierno poner en marcha un ambicioso plan de desarrollo
que contemplaba vastas inversiones en proyectos
de expansión en todas las industrias básicas, así
como un acelerado crecimiento de los servicios gubernamentales,
todo ello enmarcado dentro de los lineamientos
del enfoque desarrollista del modelo de sustitución
de importaciones, modelo que se venía instrumentando
desde antes del período de la democracia
representativa.
Entre otros hitos de este gobierno de Pérez se destaca
el proyecto de nacionalización de las industrias
petrolera y del hierro, lo cual se hizo después de
indemnizar a las empresas concesionarias que hasta
ese momento venían actuando en el país. Este proceso
causó un cambio estructural de enormes dimensiones
para la economía del país, dando paso a la consolidación
del llamado “Capitalismo de Estado” (Urbaneja,
1997:47).
En este contexto, es muy importante destacar como
política de modernización científica y tecnológica acorde
con este proceso de industrialización a gran escala,
el incentivo a la formación de recursos humanos de
alto nivel con la creación de la Fundación “Gran Mariscal
de Ayacucho” el año 1974, institución que promovió
un importante programa de becas de formación de
cuarto nivel en las mejores universidades del mundo y
que —irónicamente— también marcó la pauta en lo
que sería el inicio del proceso de emigración de talentos
venezolanos (fuga de cerebros) al exterior.
Ya en 1977 se observa cómo el país comenzaba a
pagar por los excesos cometidos durante los años de la
bonanza petrolera, y por su parte, el mercado petrolero
también evidenciaba crecientes signos de debilidad originados
por las estrategias de las naciones desarrolladas
para ampliar los espacios de comercialización internacional
y el almacenaje de petróleo. Durante estos años
las presiones inflacionarias aumentaron de manera sustancial,
a pesar de que a través de severos controles de
precios y elevados montos de subsidios se lograron atenuar
tales incrementos (Urbaneja, 1997:44).
Vale destacar que durante el primer quinquenio de
Carlos Andrés Pérez se engendró la mayor parte de los
desequilibrios y desajustes que desembocaron en el
largo período de estancamiento que posteriormente
sufriría la economía venezolana, debido al endeudamiento
externo masivo al que recurrió este gobierno
para evitar el colapso financiero.
Así, al finalizar este mandato de Carlos Andrés
Pérez y después de haber transitado el país por la
mayor etapa de bonanza que recuerde nuestra historia,
Venezuela había adquirido una deuda pública externa
que, según el BCV, superaba los 11.000 millones de dólares
estadounidenses. Dicho endeudamiento externo
masivo fue utilizado para impedir que las reservas internacionales
del país cayeran a niveles que hubieran conducido
a la aplicación de un control de cambio, lo cual,
parece evidente, comenzó a mostrar la fractura de uno
de los puntos de consenso del “Pacto de Punto Fijo”.
Entre otras consecuencias de esta combinación de la
bonanza económica con los aspectos básicos del puntofijismo,
se observó un gigantesco crecimiento del consumismo
unido al clientelismo político y a la corrupción
administrativa; de igual modo, el endeudamiento
público y privado y la asfixia de amplios sectores productivos
medianos y pequeños, bajo el peso de monopolios
favorecidos por el Estado. En este contexto, pese
a la abundancia con que se manejaron los asuntos
públicos, uno de los sectores que sufrió mayores consecuencias
fue precisamente el sector salud. A este respecto,
Córdova y otros (1999:23) afirma que el deterioro
de las políticas de salud comenzó durante la década
de los años setenta, a pesar de ser una época de
abundancia.
Al respecto es importante destacar que a partir de
esta década se comienzan a generar una serie de distorsiones
—como ya anotamos no sólo económicas,
sino fundamentalmente culturales— que afectaron
esos modos, estilos de hacer y de entender cómo alcanzar
el desarrollo nacional y cuál era el rol de la ciencia
11. El 30 de octubre de 1969 se produce el allanamiento más desproporcionado y brutal de los realizados en la “era democrática” a esta institución. Sólo comparable
al realizado el 13 de diciembre de 1966 por el gobierno de Raúl Leoni, que se hace contra una universidad que tiene en sus espacios una de las sedes principales
de la lucha armada: la residencia ‘Elías David La Rosa’, que Betancourt rebautizó con el remoquete de “Stalingrado”, por considerarla sede importante de
las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). El allanamiento, Caldera se justifica con el pretexto de que en la UCV hay violencia. De allí la ocupación total
con unos 2 mil hombres, cien vehículos del ejército, unidades de infantería de marina, cuerpo de cazadores, tanques M-8, policía metropolitana, policía política,
PTJ, vigilantes de tránsito. Una vez tomada la UCV por la ‘Operación Kanguro’, se procede a perseguir a la cabeza del poder constituido universitario responsable
de promover la renovación universitaria. En: http://www.analitica.com/va/sociedad/educacion/5928983.asp.
26 ANALISIS SITUACIONAL
y la tecnología dentro de ese desarrollo.
En ese sentido, la idea que se quiere enfatizar es
que la historia de la institucionalidad de la ciencia y la
tecnología en el país no es una historia neutral separada
de los acontecimientos sociopolíticos que de algún
modo han marcado la cultura, valores e imaginarios
del poder asociados al dominio del conocimiento.
La política pública en ciencia,
tecnología e innovación
Como parte del proceso de institucionalización de la
ciencia, a partir de la década de los setenta el tema de
la ciencia y tecnología comienza a ser incorporado a los
programas electorales, en particular en la campaña
electoral de 1973 (Freites, 1989).12 De otra parte, se
avanzó en el proceso de regionalización de la ciencia
con la creación de las fundaciones para el Desarrollo de
la Ciencia y Tecnología (Fundacite) en algunas regiones;
son ejemplos: Fundacite Zulia y Fundacite Centrooccidente
(hoy Fundacite Lara).
Al respecto, puede decirse que desde que se inició el
funcionamiento del Conicit, en 1969, se consideró
como relevantes las actividades de formulación de la
política y planificación de la ciencia. En ese sentido, se
creó un departamento con ese propósito, así como una
unidad de estadística enfocada en la sustentación de
diagnósticos con datos e indicadores. Es importante
destacar y reiterar que el proyecto fundacional del
Conicit estaba centrado en la concepción mertoniana de
la ciencia, en cuyo caso lo fundamental es la producción
de conocimiento, y que en esta tarea los científicos serían
los más preparados para decidir su orientación.
No obstante, implícitamente, se considera que es
una actividad que no necesariamente debe estar sujeta
a la planificación o a la intervención del Estado, toda
vez que es en libertad como se pueden desplegar todas
las posibilidades creativas de la ciencia a través de sus
practicantes.
Evidentemente, y pese a la idea romántica de una
ciencia guiada por la libertad creativa, las críticas que
se le han hecho a este discurso (Texera, 1983) develan
que este pensamiento representa la puesta en práctica
de un modelo lineal de la innovación, en el cual los
investigadores y la ciencia básica tienen la primera, y
con frecuencia, la última palabra. Este discurso, defendido
por una pequeña comunidad inicial, revela la circunstancia
de que sus promotores miraban al país
desde su específico mundo disciplinario; desde luego,
colocando a la ciencia seguramente más allá de sus contornos
reales en cuanto a su papel en la sociedad. Una
de las consecuencias directas de esta visión es obviar o
prestar poca importancia a las demandas sociales de
conocimiento, así como considerar que la ciencia se
legitima y es pertinente por sí misma, como hecho
social valioso y hecho cultural en que se expresa la
libertad individual para crear y recrear nuevos horizontes
de conocimiento. Es decir, bajo esta concepción, la
contribución de la ciencia se esperaría como algo natural,
esperando que la represa del conocimiento científico
se desbordase y llenase así los manantiales de la
ciencia aplicada y el desarrollo tecnológico.
Pero aparte de la dificultad que este grupo tenía para
vincular su trabajo con el hecho social de un país con
profundas carencias, había además una manifiesta miopía
política, producto de un sobredimensionamiento de
una actividad muy legítima, pero que como cualquier
otra tiene su sitio especial aunque compartido en la
sociedad. En este sentido, de acuerdo con los requerimientos
del país, corresponde al Estado promover un
modelo de desarrollo que integre los esfuerzos de científicos,
tecnólogos, innovadores y múltiples grupos de interés,
en el marco de un sistema nacional de innovación
concertado. En tal sentido, cabe apuntar lo expresado
por Vessuri ya en 1983, siguiendo a Weingart (1978):
...La demanda actualmente más sentida es que la
comunidad científica en la periferia debiera ser un
“híbrido” para poder atender a requerimientos de una
gama muy amplia, que se extiende más allá de los
estrictamente “académicos” de la llamada comunidad
científica clásica. La “comunidad híbrida” supone un
marco organizacional en el cual los científicos, políticos,
gerentes, ingenieros, representantes de la industria
y otros grupos de interés se comunican directamente
entre sí, para determinar la definición de problemas,
estrategias y soluciones de investigación”
(Vessuri, 1983:67-68).
Concluye Vessuri (1983), destacando el hecho de
que para lograr una mayor efectividad de las redes de
vínculos y comunicación entre los agentes que integran
la “comunidad híbrida”, se requiere de una “estrategia
de desarrollo económico y social coherente que tenga
apoyo real del Estado. Los planteamientos anteriores
van a contrapelo de la política cientificista que identifica
12. Incluso, desde los partidos políticos se comienza a observar el interés por ocupar espacios de una comunidad científica que, por principios, había permanecido
ajena a la diatriba política. En este sentido, pueden identificarse, aunque tímidas, las “posiciones partidistas” de algunos de los más connotados científicos de
la época. Las divisiones ya no serán sólo de carácter disciplinario, sino además político, y esto en adelante tendrá su influencia en la obtención de espacios de poder
dentro del escenario científico nacional.
ANALISIS SITUACIONAL 27
Texera (1983) en el discurso subyacente a la creación
y desarrollo inicial del Conicit en Venezuela. Esta autora
concluye que “en el fondo se ha seguido actuando de
acuerdo con una concepción que pone el peso en el
investigador individual, el proyecto individual, la
super-especialización y el desarrollo general de la ciencia,
y la política científica resultante de esa concepción
ha sido tímida e inconsistente”.
En ese contexto, con la gestión iniciada en 1974 se
comienza a hablar del “nuevo Conicit”, con un discurso
orientado a vincular a la ciencia con los problemas
de la sociedad, cuestión esta que para algunos voceros
de la visión “libertaria” de la ciencia, significó una politización
de la institución, antes caracterizada por la
pluralidad y tolerancia política de sus integrantes.
Una de las iniciativas emprendidas por los actores que
dirigían este nuevo enfoque del Conicit, fue promover y
realizar el Primer Plan Nacional de Ciencia y Tecnología, el
cual estuvo precedido del Primer Congreso de Ciencia y
Tecnología, como parte del cual se realizó una importante
convocatoria de más de 2.000 personas de los sectores
académico, empresarial y gubernamental.
Esta iniciativa, considerada como un proceso participativo
de planificación en ciencia y tecnología, arrojó
resultados que apuntaron a centralizar los recursos
financieros destinados a estimular la CyT, a poner en
práctica diseños de ingeniería que materializaran los
resultados de la investigación, y vincular a los centros
nacionales de tecnología con los temas de importación
y transferencia tecnológica. Recordemos que en estos
años, bajo la influencia del modelo de sustitución de
importaciones y la teoría de la dependencia, se pretendía
aumentar el potencial nacional de desarrollo
mediante el reforzamiento de las capacidades locales.
Este primer plan contempló dos secciones, una centrada
en las estrategias y otra en los planes sectoriales.
Allí se reconocía el desarrollo reciente del denominado
“sistema científico y tecnológico” (Roche, 1996:263),
aunque con vínculos débiles entre sus partes y poca
articulación con el desarrollo económico y social. De
otra parte, se propuso en el Plan la creación de nuevas
instituciones, tales como: un banco de tecnología, una
oficina nacional de ingeniería, un centro nacional para la
evaluación de tecnología, así como una red nacional
para información científica.
De igual manera, este primer plan, que se circunscribía
a un horizonte temporal de cuatro años (1976-1980),
definió como áreas prioritarias: Agricultura, Ecología,
Electrónica y Telecomunicaciones, Hidrocarburos, Metalurgia,
Nutrición, Salud, Tecnología de Alimentos, Vivienda
(Construcción) y Desarrollo Urbano (Conicit, 1976, c.
p. Freites, 1989, p. 637). Para Avalos y Antonorsi (c. p.
Roche, ob. cit, p. 265) este plan presuponía el “modelo
lineal” de innovación y continuaba centrado en la investigación
básica. Para Roche, el mayor defecto del plan
radicaba en la falta de “poder político” para materializarlo,
lo cual se evidenciaría en que del presupuesto nacional
destinado a CyT, el Conicit sólo financiaba un monto
correspondiente a menos del 5% del mismo. En este
orden de ideas este autor admite que el Conicit había sido
“políticamente ingenuo”, pues aparte de no haber tenido
poder político, no mantenía (ni promovía) vínculos fructíferos
con la industria y el sector productivo en general
(Roche, 1996:266).
Vale agregar que durante la década de los años setenta
se evidenciaron diversas figuras jurídicas en torno al
organismo que fungía de ente rector de la CyT. Un antecedente
fue el Ministerio de Estado de la Juventud, Cultura,
Ciencia y Tecnología, creado en 1969. A este le siguió
en 1973 la creación por decreto de un efímero Comité
Integrador del Sistema Científico y Tecnológico que da paso
a la Comisión Nacional de CyT, liderada por el también
Presidente del Conicit; seguidamente, en 1975, se constituye
el Ministerio de Estado para la Ciencia, Tecnología y
la Cultura, y en 1978, se nombra un Ministro de Estado
sin cartera para la CyT, conducido por uno de los científicos
del grupo inicial de AsoVAC: Raimundo Villegas.
La ciencia y la tecnología en la “década perdida”
En los años ochenta, con la entrada formal de las políticas
de ajuste neoliberal, se abre el gran debate entre
lo público y lo privado. Venezuela comienza a insertarse
profundamente en un modelo de tipo neoliberal en
el que prevalece la idea del mercado y la democracia
liberal como forma de gobierno (Córdova, 1999:25).
Recuérdese que el neoliberalismo nació después de
la segunda posguerra, presentándose como una reacción
contra el Estado intervencionista y de bienestar, y
además tenía como propósito combatir el keynesianismo
y el solidarismo reinantes, para así arraigar una
variante del capitalismo, en este caso mucho más
expansivo y transnacional.13
13. El modelo ideológico del neoliberalismo contempla, en esencia, que las sociedades pueden alcanzar el máximo despliegue de sus potencialidades a través de la supremacía del mercado,
por lo que propone: 1) el mercado debe ser el articulador de la sociedad, y sólo debe ser un regulador favorable de la economía; 2) las organizaciones sindicales deben reducir su papel al
mínimo; 3) el pueblo debe pagar en el mercado por los servicios —los cuales deben ser privados— sin considerar las desigualdades sociales; 4) se presupone una mayor subordinación a los
países hegemónicos; 5) es necesaria una real reducción del aparato estatal, y por lo tanto, del gasto público; 6) se supone básica la difusión del pragmatismo y el consumismo como máximos
valores de vida (Córdova, 1999:25).
28 ANALISIS SITUACIONAL
Es ilustrativo que las políticas sociales en Venezuela
durante estos años están cargadas de un claro intento
de privatización. Se alega el mismo discurso retórico
del desgaste del modelo de Estado paternalista-rentista,
y la necesidad de la disminución del gasto público y
del aparato estatal. Sin embargo, es un discurso contradictorio,
toda vez que no le asigna ningún peso al desarrollo
científico-tecnológico del país, lo cual se evidencia
por los constantes recortes de presupuesto, incluso
el destinado a promover el mencionado desarrollo
científico-tecnológico.
En este contexto se introduce el Segundo Plan Nacional
de Ciencia y Tecnología con un horizonte temporal
de tres años (1986-88). Una de las propuestas centrales
del mismo radicó en la idea recogida en el Plan
Nacional de Desarrollo 1985-88 consistente en la regionalización
y descentralización de las políticas públicas
de CyT.
Empero, pese a los esfuerzos de planificación y
racionalización de los recursos, en los años ochenta se
produjo una prolongada desinversión de la CyT, en términos
reales, lo que condujo a una reducción importante
de los recursos económicos que recibieron organizaciones
como el IVIC durante buena parte de la
década. Una de las consecuencias negativas de esta
desinversión fue la fuga de científicos, la cual se dio
—según Freites (1989:652)— en dos dimensiones:
“...una, entre los investigadores que ya estaban trabajando
en el país, y la otra, relacionada con el relevo
generacional”. Destaca esta autora que la reducción en
los salarios reales produjo un impacto negativo en el
número de investigadores del IVIC y de la ULA, por
ejemplo.
Con la progresiva privatización del sector salud14 y la
hiperpolitización del Estado,15 se profundiza la dependencia
tecnológica, lo que trae como consecuencias visibles
en los años ochenta un deterioro de las condiciones
epidemiológicas de la población en general, aparte de un
modelo de acción sanitaria disperso e incompetente con
una población ajena al sistema de salud, pese a que en
el discurso oficial se hablaba de políticas de carácter
“participativo” (Córdova, 1999:23-24).
Pero quizá lo más grave, como consecuencia de esa
situación de deterioro progresivo de los indicadores
sociales, fue la ocurrencia —durante los últimos días
de febrero e inicios de marzo de 1989— de un fenómeno
de explosión social jamás visto en la historia de la
democracia representativa venezolana. Evento calificado
como “el día que bajaron de los cerros”, se manifiesta
como una explosión social espontánea en la cual los
más pobres, decepcionados por el engaño que significaron
las promesas del recién estrenado gobierno de Carlos
Andrés Pérez (segundo período, 1989-1992), se lanzaron
a las calles generando un caos que sólo pudo ser
controlado tras días de violenta represión policial y
militar.16
Durante esos nefastos días que comenzaron el 27 de
febrero de 1989, se dio rienda suelta a las frustraciones
propias de una cultura consumista inducida y abruptamente
reprimida, al negárseles compartir los beneficios
de la renta petrolera. Estos hechos, sin duda, marcaron
el inicio del protagonismo de unas masas de pueblo
adormecidas que exigieron, en adelante, una nueva
forma de hacer gobierno. De otra parte, desencadenaron
una serie de eventos que explican en buena medida
todas las transformaciones que se experimentaron
durante los años noventa, incluyendo los dos intentos
de golpe de Estado, y el corolario que significó el ascenso
al poder del presidente Hugo Chávez en el año 1998,
como expresión de esperanza, de redención y de alcance
de una verdadera democracia social y económica.
La búsqueda de una ciencia
y tecnología socialmente pertinente
Este ensayo, como ya se ha planteado, es fundamentalmente
una visión de la historia de la institucionalidad
de la ciencia y la tecnología en Venezuela. Sin embargo,
lo más atractivo de este proceso sería analizar contextualmente
esa historia particular en la matriz de la evolución
sociopolítica del país, lo cual, indudablemente
significaría llevar a cabo una investigación mucho más
exhaustiva que la que hemos realizado para este capítulo
del Plan. Pero ciertamente, se pueden plantear algunas
interrogantes en el marco de la historia reciente con
la finalidad de iniciar esa reflexión; por ejemplo:
¿Qué efectos comenzaron a manifestarse en la definición
de los temas de investigación en Venezuela,
luego del 27-F?
¿Cuántos proyectos se comenzaron a orientar sobre
el tema de lo social, incluyendo investigaciones
14. ...por vía de préstamos a bajas tasas de interés, subsidios y apoyo a la construcción de infraestructura para clínicas a gran escala, entre otros” (Córdova, 2004:23).
15. Según Cavarozzi (1993).
16. Las esperanzas por mejorar su calidad de vida, cifradas en este nuevo gobierno, se esfumaron muy poco tiempo después de inaugurado, cuando comenzaron
a sentir en “carne propia” los efectos de las medidas de ajuste estructural de corte neoliberal anunciadas el 16 de febrero de ese mismo año. Los muertos por la
represión militar del gobierno de Carlos Andrés Pérez superaron los tres mil, según algunas fuentes.
ANALISIS SITUACIONAL 29
biomédicas u otras relacionadas con las ciencias
básicas y que pudieran estar dirigidas a la solución
de problemas de la sociedad?
¿Cuántos proyectos de investigación se comenzaron
a asociar a intereses de las transnacionales bajo el
discurso de la competitividad?
En fin, realmente son preguntas provocadoras en
cuanto “repensar el país” a la luz de la situación política
de base social que emergió a partir de 1989. Este
proceso vendría muy ligado a lo que fue para la década
de los noventa el planteamiento de “repensar el
Conicit”, en cuya base estaba la búsqueda de asociar la
investigación a los requerimientos tecnológicos del
aparato productivo nacional. Durante ese período, es
cierto, se planteó un enfoque diferente al manejo tradicional
de corte “academicista” que del Conicit se venía
haciendo.
En tal sentido, no parece fortuito que el debate que
se venía fraguando por más de dos décadas acerca de
producir una ciencia consensuada y con pertinencia
social, comenzara también a cobrar forma con otros
estilos de gestionar la institucionalidad de la ciencia y la
tecnología. Este hecho parece estar vinculado a la circunstancia
de que durante el período 1988-1998, los
presidentes del Conicit fueron dos sociólogos: Dulce
Arnao e Ignacio Avalos, quienes en el pasado habían
formado parte de los cuadros profesionales de la organización
y, en palabras de Avalos y cols. (2004: 100),
“...habían defendido la tesis del uso de la ciencia para
aumentar la capacidad de generar tecnologías propias”.
En ese orden de ideas, durante estas gestiones del
Conicit se intentó experimentar un tránsito desde el
modelo lineal a lo que se consideraba un modelo dinámico
de innovación; es decir, un enfoque que consideraba
como importante la consulta a —y participación
de— los usuarios directos para generar soluciones de
investigación científica y tecnológica. En tal sentido, se
puede mencionar un conjunto de acciones de este organismo,
por cada uno de los períodos de gestión considerados;
a saber:
El período 1988-1993
1. Se negoció el primer Programa de Crédito BIDConicit
de Nuevas Tecnologías. Este programa,
con el apoyo fundamental del Banco Interamericano
de Desarrollo (BID), se orientaba básicamente
a financiar la investigación en cinco áreas
con potencial para su transferencia tecnológica al
sector productivo: Biotecnologuía, Química Fina,
Informática, Electrónica y Telecomunicaciones y
Nuevos Materiales.
2. Se fortaleció la infraestructura de la Fundación
Instituo de Ingeniería y el INZIT-Cicasi, con el fin
de apoyar el programa de reconversión industrial
que adelantaba el Ministerio de Fomento.
3. Se instrumentó el Programa Bolívar para la innovación
tecnológica, con el objetivo de impulsar
la cooperación entre empresas y centros de
investigación de Latinoamérica, para el desarrollo
de innovaciones tecnológica (Avalos y cols.,
op. cit., p. 101).
4. Se establecieron las Ruedas de Negociación Tecnológica.
5. Se creó el Programa de Promoción del Investigador
(González et al., 1996).
Período 1993-1998
1. Se creó el Programa de Agendas con el objetivo
de generar respuestas a demandas específicas de
la sociedad a través de proyectos de investigación.
2. Se creo el Programa de Apoyo a Grupos de Investigación,
orientado a unificar esfuerzos de investigadores
y organizaciones académicas y de investigación,
para solucionar “problemas complejos de
interés nacional” (Bifano, 20 102).
3. Se llevó a cabo el Programa de Apoyo a Laboratorios
Nacionales para hacer más eficiente el uso
de los equipos e infraestructura de investigación.
5. Se fortaleció el Programa de Posgrados Integrados
para aprovechar las capacidades de diferentes universidades
para desarrollar posgrados de particular
importancia para la especialización científica.
6. Se instrumentó la segunda negociación para el
Programa de Crédito en Ciencia y Tecnología, financiado
por el BID con un monto de 200 millones de
dólares.
En estos años, vale destacar dentro del proceso de
“Repensar el Conicit”, que se avanzó en la superación del
“modelo lineal de innovación” con la incorporación de
los actores “impares”, distintos a los propios de la comunidad
científica que tradicionalmente participaba en la
formulación de las políticas públicas en nuestro país.
Ello implicó —por lo menos teóricamente— dar mayor
cabida a las comunidades organizadas, empresarios,
innovadores populares y muchos otros actores, tanto en
la construcción como en la implementación de las políticas
públicas de ciencia, tecnología e innovación.
30 ANALISIS SITUACIONAL
Todo esto se enmarcó en un nueva figura institucional,
el Sistema Nacional de Innovación, en el cual la
innovación es fundamentalmente el resultado de las
redes y los múltiples intercambios entre los actores de
la ciencia, tecnología e innovación y no solamente el
resultado final de la secuencia investigación básicadesarrollo
tecnológico.
Como parte de los esfuerzos realizados se construyeron,
en el seno del Conicit, espacios para la integración
de actores, de cara a una investigación de mayor
impacto social y económico. Ejemplo de ello fueron las
Agendas de Investigación adelantadas entre 1995 y
1998, y más adelante entre 1998-2004, las Redes de
Innovación Productiva (ver Sánchez, 2003).
Empero, es posible que pese a las evidentes bondades
metodológicas de las Agendas, su verdadero impacto
económico y social pudiera haberse afectado por el
hecho de que ese proceso no venía acompañado de una
propuesta de país con un enfoque de desarrollo de largo
plazo y con sentido de integralidad interinstitucional. El
hecho de que el proceso de consulta tuviera una orientación
participativa, no necesariamente implicaba que sus
resultados se conciliaran en su totalidad con los intereses
de carácter público que al Estado correspondía defender.
En ese sentido, es importante recordar que el proceso de
las agendas se venía instrumentando a la par del resquebrajamiento
del Estado como conductor de las políticas
públicas; ello, producto de la crisis durante el segundo
período de Carlos Andrés Pérez tras la aplicación del
paquete de ajustes estructurales impuestos por el Fondo
Monetario Internacional (FMI), las rebeliones militares,
y su posterior retiro del poder el año 1993, bajo acusaciones
de corrupción administrativa.
Por otro lado, si bien Rafael Caldera llega al poder
tras la imagen reformista asumida ante la aplicación de
los paquetes neoliberales —reflejada mediante su posi-
ción crítica al saliente gobierno de CAP—, en la práctica
no tenía proyecto alternativo a las propuestas del FMI, lo
cual se evidenció tras la propuesta e instrumentación de
la “Agenda Venezuela”, esquema político-económico
continuador de las medidas fondomonetaristas.
En este segundo período de Rafael Caldera, en el que
se da el proceso de “Repensar el Conicit”, no es posible
decir que se contaba con un modelo de país que señalara
políticas para orientar la actividad científica y tecnológica
acorde a las necesidades del país. Al contrario, las
salidas estaban vinculadas al libre albedrío de “la mano
invisible del mercado” que consideraba los “efectos
sociales” a través de políticas focalizadas, dirigidas a
unos supuestos “focos de pobreza” que ya ascendían
alrededor de 70% de la población.
Pero cabría una pregunta: ¿Se consideró —incluso la
posibilidad de participación— a los más desasistidos e
invisibilizados ciudadanos de los mencionados focos más
pobres, en la conformación de las Agendas de Innovación?
Desde luego, si esto no fue considerado, se introduce
un sesgo en la política que, sin duda, responde sólo
a los intereses de un sector de la sociedad.
En todo caso, la idea con este tipo de preguntas es rescatar
la importancia que tiene para cualquier proceso de
formulación de políticas públicas, el rol del Estado en la
preservación de los intereses de la nación a través de un
modelo de país que desplegase las verdaderas posibilidades
del desarrollo que necesitamos. El modelo exógeno
de la globalización neoliberal que se nos había impuesto,
hasta ahora sólo ha demostrado producir mayor fragmentación
social y profundización de la pobreza.
Entre otras lecciones aprendidas, lo anterior parece
indicar la necesidad de apuntar hacia una visión más integral
e inclusiva, no sólo para mantener los avances que
pudieron haberse alcanzado en términos de indicadores
clásicos de ciencia y tecnología, sino con la idea de fomentar
una educación más extensiva en la que mayores contingentes
de población estén mejor capacitados para
emprender proyectos para la diversificación productiva.
En la figura Nº 1 se resume la evolución histórica del
aparato institucional de la ciencia y la tecnología en
Venezuela, entre 1959 y el año 2005, tomando como
hitos la creación del IVIC —como expresión de la concreción
de un organismo emblemático del quehacer científico
nacional— y la presentación de este nuevo Plan
Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, período
en el cual el contexto ha estado signado por tres visiones
distintas del desarrollo: el modelo de sustitución de
importaciones, el modelo neoliberal y el actual modelo de
desarrollo endógeno